
Redacción| Katherine Moreira| Fotografías Grecia Platero/ Maura Cortéz
La Escuela de Ciencias de la Comunicación (ECC) se incorporó oficialmente al Programa de Microcredenciales para la Empleabilidad de la Universidad Dr. José Matías Delgado (UJMD), orientado a que los estudiantes puedan demostrar competencias específicas más allá de su título universitario.
La propuesta forma parte del proceso de transformación académica que impulsa la universidad y busca acercar la formación universitaria a las necesidades de un mercado laboral que demanda perfiles con conocimientos especializados y habilidades comprobables.
Durante la actividad, Rolando Ferrer, director de Estrategia y Transformación Institucional de la UJMD, explicó que las microcredenciales representan una nueva forma de reconocer las capacidades que los estudiantes desarrollan durante su formación.
“La universidad va a empezar a certificar habilidades y competencias, de tal forma que los que cursen estos programas o participen en estas iniciativas van a tener credenciales que son vinculables con el mercado laboral”, señaló Ferrer.
El planteamiento parte de una realidad en la que los profesionales pueden contar con una licenciatura, pero también necesitan demostrar conocimientos específicos para responder a las exigencias de las empresas. Por ello, las microcredenciales tienen como fin ser un complemento a la formación tradicional y permitir que los estudiantes acrediten competencias en áreas concretas.
Por su parte, el director de la ECC y decano de la Facultad de Ciencias y Artes Francisco Gavidia, maestro Ricardo Chacón, afirmó: “La ética, la cultura, la filosofía y los pénsums académicos requieren una nueva lectura a partir de la era digital. La idea es no dejar el conocimiento solo en el aula, sino tener microcredenciales que les permitan certificar habilidades y competencias, y aprender a usar adecuadamente las nuevas tecnologías”.
El licenciado José Rivera, gestor a cargo del proyecto de las microcertificaciones de la ECC, explicó que una de las principales características de estos programas es su corta duración y la posibilidad de verificar las habilidades adquiridas.
“Las microcredenciales te permiten adquirir habilidades o competencias, pero que sean verificables”, explicó Rivera.
La diferencia frente a una certificación tradicional se encuentra principalmente en su duración, metodología y propósito. Mientras algunos programas de certificación pueden extenderse durante varios meses y requerir una inversión mayor de tiempo y recursos, las microcredenciales están diseñadas para desarrollarse en períodos más cortos, con una combinación de actividades sincrónicas, asincrónicas y sesiones presenciales.
Uno de los aspectos centrales de la propuesta es precisamente la validación de las competencias. Los estudiantes deben poner en práctica lo aprendido mediante casos concretos y demostrar los resultados de su trabajo. En este proceso participa una empresa aliada que funciona como validadora externa, con el objetivo de determinar si el participante logró desarrollar la competencia planteada.
De esta manera, la certificación no se limita a acreditar que una persona asistió a determinado número de horas de formación. El objetivo es demostrar que puede utilizar esos conocimientos en una situación práctica.
“Al certificar una competencia estamos generando una oportunidad de transformar nuestra realidad. El conocimiento dignifica, y cuando lo hace no es solamente a un individuo sino a todas las personas que están a su alrededor. Yo esperaría que con este ejercicio de microcredenciales, quienes tengan la oportunidad de tener este conocimiento, también le ayuden a otros a crecer”, expresó el maestro Kevin Salazar, coordinador académico de la ECC, ante una audiencia integrada mayormente por estudiantes.

La primera microcredencial de la Escuela de Ciencias de la Comunicación lleva por nombre “Storytelling, marketing y ventas con datos” y cuenta con 21 horas formativas. Su metodología combina diferentes modalidades de aprendizaje y culmina con la presentación y defensa de un caso desarrollado por los participantes.
A medida que los estudiantes completan los retos y entregables establecidos, pueden recibir insignias digitales o badges que evidencian el avance de sus competencias. Al finalizar el proceso y completar la validación correspondiente, reciben la microcredencial.
Estas certificaciones tienen además un componente digital que facilita su presentación en espacios profesionales. Las credenciales pueden compartirse en plataformas orientadas al desarrollo profesional, como LinkedIn, permitiendo que los estudiantes incorporen sus nuevas competencias a su perfil y las hagan visibles ante potenciales empleadores.

El proyecto también contempla ampliar progresivamente las áreas de formación disponibles. Entre los temas planteados para futuras microcredenciales se encuentran la ciberseguridad para innovadores, comunicadores y emprendedores, así como la generación de contenido con inteligencia artificial.
José Rivera señaló que las empresas están dejando atrás la idea de que un título es suficiente para determinar las capacidades de un profesional. “El mercado laboral va evolucionando a que ya no solo basta con decir ‘tengo tal titulación’”, afirmó.
La iniciativa también se relaciona con una visión más amplia de la experiencia universitaria. Durante la presentación, Ferrer destacó que la universidad no debe limitarse a la transmisión de conocimientos dentro del aula, sino que también debe facilitar espacios para generar contactos, desarrollar nuevas habilidades y establecer vínculos con el mundo profesional.
“Esto convierte a la ECC en la primera unidad académica de la UJMD que se suma a esta iniciativa”, afirmó Ferrer.
Los datos como herramienta para decidir
Como parte de la jornada se desarrolló la conferencia “Visualización de datos para la toma de decisiones”, impartida por Rodrigo Herrera, docente de la UJMD y especialista en analítica de datos y business intelligence aplicado a la publicidad comercial.

Uno de los primeros ejemplos de la conferencia buscó demostrar que un número, por sí solo, no necesariamente tiene significado. Una cifra puede representar un porcentaje, una cantidad de dinero, un tiempo o cualquier otro indicador, pero su utilidad depende del contexto en el que se interprete.
A partir de esta idea, el especialista planteó que el análisis de datos debe seguir un proceso que permita pasar de la información a la toma de decisiones. Primero se obtiene el dato, posteriormente se busca el contexto, se identifican posibles patrones o hipótesis y, finalmente, se determina qué acción puede tomarse a partir de los resultados.
Por su parte, Raúl Portillo, estudiante de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación, opinó que el análisis de datos también requiere comprender primero el contexto y el objetivo que se persigue. “Analizar los datos te puede abrir muchas puertas”, comentó.
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