
Redacción | Karen Azúcar- Docente de fotografía
La inteligencia artificial llegó para transformar la manera en que trabajamos y, especialmente en comunicación y publicidad, se ha convertido en una herramienta para acelerar soluciones creativas, experimentar y ampliar nuestras posibilidades.
Pero enseñar fotografía en estos tiempos también representa un reto. Ya no se trata únicamente de aprender a manejar una cámara en modo manual, conocer la exposición o dominar una técnica. El verdadero desafío es volver a conectar con los estudiantes para que valoren el proceso, la creatividad y el esfuerzo detrás de una imagen.
Hoy algunos estudiantes trabajan mejor con su celular, y está bien. No siempre necesitamos el equipo más costoso para crear algo interesante. Al final, nuestro mejor recurso sigue siendo el que llevamos con nosotros: nuestra inteligencia y nuestra creatividad humana.
Por eso, uno de los mensajes que más me gusta transmitir es:
No importa con qué recursos comienzas, importa que te atrevas a comenzar.
Ha sido muy divertido volver a fotografiar desde las habilidades humanas: pensar una idea, buscar una solución, experimentar con la luz, equivocarse, volver a intentarlo y descubrir lo que somos capaces de crear con los recursos que tenemos.

No descarto el uso de la inteligencia artificial. Al contrario, considero importante aprender a utilizarla y aprovechar su potencial. Pero tampoco debemos permitir que la velocidad de la tecnología nos haga olvidar el valor del proceso creativo.
Porque detrás de una buena idea siempre habrá algo que ninguna herramienta puede reemplazar completamente: la mirada, la sensibilidad, la intención, el esfuerzo y el talento de una persona.
La tecnología puede ayudarnos a crear más rápido, pero crear con propósito seguirá siendo profundamente humano.
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