El estudio aplicado en estudiantes de la Facultad de Ciencias y Artes (FCA), de la Universidad Dr. José Matías Delgado (UJMD), revela tres problemas de la teleeducación ante el coronavirus: uno, Educación Superior no está preparada para el trabajo a distancia en su totalidad; dos, la brecha digital se manifiesta en su plena realidad; y tres, el estrés y el encierro amenazan las actividades cotidianas y académicos

La investigación, de carácter exploratoria, esboza los esfuerzos de la Facultad de Ciencias y Artes «Francisco Gavidia» de la Universidad Dr. José Matías Delgado para formar profesionales, desde la virtualidad. Foto ilustrativa

Datos fríos de la investigación de la Facultad de Ciencias y Artes, de la Universidad Dr. José Matías Delgado sobre la experiencia de la modalidad virtual ante la crisis sanitaria del COVID-19:

  • El 66.7% de la población de psicología, diseño, arquitectura y ciencias de la comunicación valora las clases virtuales ante la crisis sanitaria del coronavirus, pero 3 de 6 universitarios sienten que esta modalidad afecta su rendimiento académico.
  • El 54.4% manifiesta que quisiera seguir su carrera universitaria en un formato semipresencial, pero con flexibilidad para un sector del 29% que estudia y trabaja.
  • En acceso a recursos tecnológicos, el 38.8% del público estudiantil recibe sus clases y desarrolla sus tareas desde teléfonos inteligentes; mientras que el 61.2% usa laptop y/o computadora de escritorio.
  • El 97.6% sostiene que los contenidos de los profesores son útiles y que emplean plataformas externas a las institucionales para impartir sus cátedras; por lo tanto, debe reconsiderarse si las herramientas internas se adaptan a las necesidades de aprendizaje de los estudiantes, pues manifiestan una inconformidad con el precio-calidad de los otros servicios de la Universidad.

Por: Kevin Salazar Recinos, con base en la investigación hecha por Erika Funes, de Ciencias de la Comunicación; Pedro Sorto, Diseño; Juan Carlos Chicas, Arquitectura; y Carlos Wail Cruz, Psicología.

El 11 de marzo de 2020 será considerado como un punto de quiebre en la educación convencional en El Salvador. La emergencia sanitaria ocasionada por el COVID-19 volcó a todos los actores educativos a utilizar la modalidad online, sin capacitación ni formación, solo con el conocimiento empírico sobre las Nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación aplicadas a Educación Superior. Esto ocasionó una vuelta de tuerca en la planificación didáctica tras el mandato de cierre de aulas presenciales para prevenir el contagio de la pandemia coronavirus. Una decisión que requirió un replanteamiento de los ciclos académicos de las Universidades. Los dos puntos por discutir, desde una reflexión teórica-práctica, son: ¿la educación salvadoreña responde a las necesidades de la sociedad del siglo XXI? y ¿cuál ha sido la experiencia de los estudiantes inscritos en la Facultad de Ciencias y Artes de la Universidad Dr. José Matías Delgado en la virtualidad?, dos interrogantes que iremos respondiendo a lo largo de este texto, cuya respiración es larga y profunda.

Los coordinadores de investigación de las escuelas: Psicología, Diseño, Arquitectura y Ciencias de la Comunicación propusieron el Estudio exploratorio de la experiencia de la modalidad virtual adoptada por la Facultad de Ciencias y Artes ante el COVID-19, con tres intenciones claves: uno, metodología enfocada en la teleeducación; dos, brecha digital; y tres, salud mental ante las medidas de emergencia que impulsa el Gobierno de El Salvador para combatir el SARS-CoV-2. La recolección de datos se efectúo entre el 17 y 19 de abril, con el 43.68% de los estudiantes que completaron voluntariamente el instrumento y la participación resultó ser mayor a una muestra probabilística. Con 917 informantes, se emplearon instrumentos cuantitativos y cualitativos enviados por Google forms.

En la práctica de la mediación y el pensamiento pedagógico, vale la pena cuestionarse: ¿estamos o no estamos preparados para la educación virtual y/o educación a distancia? No, no lo estamos. Sin embargo, no nos queda de otra que lanzarnos al agua y comenzar a nadar. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, 2000), el concepto de la educación a distancia no es nuevo, pues con la extensión e implementación de las nuevas tecnologías en el sector educativo, este formato de acto de intervención educativa ha tomado una nueva dimensión, volcando a experimentar con nuevas estrategias pedagógicas e instrumentos de evaluación efectivas para garantizar el aprendizaje significativo de los jóvenes. Es por ello, que la investigación educativa tiene que contribuir a tomar decisiones estratégicas para velar por la formación universitaria, directrices que deben nacer en el seno de la Academia, pues según Immanuel Kant (1798), quien argumenta en su publicación: El conflicto de las facultades, el rol de las Universidades radica en ser los cabildos democráticos en los que no deben faltar el espíritu crítico y reflexivo, donde profesores y estudiantes deben pensar y repensar sobre el mundo más allá de las prerrogativas institucionales o de Estado para generar un progreso social, económico e institucional.

En esta ocasión, abordaremos los datos cuantitativos y cualitativos de esta investigación con dos puntos teóricos de la Educación a distancia que propone Keegan (1990), en la Fundación de la Educación a distancia, para comprender el nuevo escenario educativo. La primera línea de pensamiento es sobre la independencia y la autonomía del estudiante en la teleeducación; y la segunda, la interacción y la comunicación en los mecanismos tecnológicos propuestos para la mediación pedagógica.

El estudiante, el verdadero protagonista en la teleeducación, pero aún no se empodera

Con la llegada de tecnología, la educación dio un paso hacia la educación remota. Se agregaron, no solamente nuevas técnicas con la llegada de Internet en sus primeras ediciones, sino que el educando empezó a “manejar” con mayor libertad los objetivos de aprendizaje, usando el tiempo disponible (Chacón Andrade, 2020). En cambio, el uso del e-learning rompe lo tradicional y, en este ámbito, se explotan más los recursos de la Internet 2.0, explorando una interacción ya no solo con el profesor, sino con sus compañeros de clases. Según José Lozano, en su libro: El triángulo del e-learning, hay que considerar tres elementos claves para la formación virtual: uno, las tecnologías informáticas de soporte de las actividades de clase (redes, hardware, software y herramientas), dos, los contenidos didácticos; y tres, los servicios conformados por los tutores y docentes (2004).

En los datos socioeconómicos, el 71% de la población de los estudiantes de la Facultad de Ciencias y Artes de la Universidad Dr. José Matías Delgado se dedica a los estudios, pero el 29% de ellos estudia y trabaja, por lo que requieren de una modalidad flexible, pues durante la puesta en marcha del ciclo académico 1-2020, los profesores hicieron cambios de horarios y la saturación de tareas limita a los estudiantes a rendir y cumplir su horario, según las materias inscritas. De acuerdo con Keegan (1990), la independencia y la autonomía garantizan a un estudiante exitoso, pero eso depende de la independencia de aprendizaje por parte de los alumnos y que las condiciones, sobre todo las tecnológicas, se lo permitan. En educación a distancia, al no contar con un maestro al frente, el profesional en formación debe aceptar una mayor responsabilidad en el aprendizaje del programa y el docente se vuelve un facilitador del proceso.

Pese a los inconvenientes latentes sobre el triángulo e-learning, el 58% de la población de psicología, diseño, arquitectura y ciencias de la comunicación valora las clases virtuales ante la crisis sanitaria del coronavirus, pero no está satisfecha. A la vez, los estudiantes reconocen los esfuerzos de los docentes de la Facultad de Ciencias y Artes para desarrollar el contenido, pero las materias que requieren horas prácticas son el talón de Aquiles y hay que ponerle atención, pese a que los jóvenes universitarios tienen claridad que ni el Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología (MINEDUCYT) ni la Universidad estaban preparadas para afrontar la teleeducación y el teletrabajo para seguir los procesos administrativos-académicos para brindar el servicio pertinente.

Los docentes de la Facultad de Ciencias y Artes recurrieron a sus conocimientos y experiencias de plataformas como Google Classroom, Meet, Conscius (plataforma institucional), Zoom, LOOM, así como usar la técnica “video directo” a través de redes sociales, Facebook e Instagram, y también al habilitar foros, conversaciones o discusiones a distancias, grabación y distribución de videos, tutoriales, creación de carpetas en DRIVE, envío de tareas por correos electrónicos y diseños de laboratorios en línea. ¿Es suficiente para saber si el estudiante tiene la competencia actitudinal de independencia de aprendizaje? No, no es lo suficiente todavía, porque hay que superar la brecha digital que impera en el cuerpo docente cómo en los estudiantes.

Conectarse a Zoom y/o Meet no bastan para una clase en línea con lógica presencial

Los soportes de comunicación están de moda y ahora forman parte del lenguaje común en el sector educativo, pero no son suficientes, pues el uso de las diferentes herramientas nos permiten reunirnos colectivamente vía Internet en vivo, con posibilidades de ver exposiciones magistrales, participar en el debate, e incluso grabar la sesión para luego compartirla y revisarla, no es suficiente para garantizar una clase universitaria, mucho menos que sea un aval de que estamos en el mundo de la educación a distancia y que hemos dejado atrás la presencialidad. El no entender esto a cabalidad, nos puede llevar a errores garrafales que lejos de avanzar nos puede hacer retroceder y que volvamos al mundo más nefasto de lo presencial, nada más que ahora a través de la tecnología, de manera remota.

¿Qué se ha detectado en el uso tecnológico en la Facultad de Ciencias y Artes? Que los estudiantes y profesores utilizan el correo electrónico, WhatsApp y redes sociales como Facebook para mantenerse en comunicación. Y en plataformas, utilizan Google Classroom, opción que lidera en las cuatro escuelas, seguido de Moodle; y redes sociales; por consiguiente, la mediación tecnológica es clave y fundamental, como un medio que permite compartir, no solo conocimientos sino aprendizajes, y esto se está logrando en muchos casos en la situación actual, pero esta debe tener como centro de las actividades el alumno que tiene como fundamento el autoaprendizaje y el profesor como el guía y orientador, no como el sabio que sabe todo y que lo transmite a través de clases.

Además, 54.4% manifiesta que quisiera seguir su carrera universitaria en un formato semipresencial, pero con flexibilidad para un sector del 29% que estudia y trabaja. Otro segmento del 30.8% prefiere lo presencial; y un 14.7%, virtual. Con estos datos, se abre una nueva ventana de oportunidades para revolucionar el campo educativo con una metodología adecuada para los formatos virtuales y semipresenciales. Por consiguiente, el uso de la tecnología no es suficiente para satisfacer las expectativas de la educación actual y futuro, hacerlo requiere al menos, tal como se he dicho en otras publicaciones de Tu Espacio, replantear de base el tema de la educación y ponerla en línea con las demandas de la sociedad del conocimiento. Además, de ser conscientes que El Salvador se enfrenta a una brecha digital grande.  

La brecha digital impide una buena comunicación e interacción en las aulas virtuales de Educación Superior

De acuerdo con la Encuesta de Hogar y de Propósitos Múltiples (EHPM, 2017), hecha por la Dirección General de Estadísticas y Censos (DIGESTYC), tres datos claves sobre el uso de la nube en El Salvador: uno, la penetración de Internet es insuficiente; dos, el Internet es un medio de comunicación utilizado para chatear; y tres, poco o nada se utiliza este recurso esencial en la sociedad moderna para la producción de conocimientos, la investigación y la docencia.

Los datos fríos que refuerzan estos tres puntos son: el 33.88 por ciento de toda la población de 10 años o más tiene acceso a Internet, es decir, cada tres salvadoreños de 10 años utilizan la red. Otro dato, el 52% de los jóvenes entre 18 a 29 años tiene acceso, es decir, uno de cada dos utiliza la nube periódicamente. Un dato más, los que tienen Internet, 75.6%, entre 51 y 70 años, lo utilizan para la comunicación, al igual que el 75.3% de 30 a 50 años. En cambio, los menores de 18 años, el 18.4% lo utilizan para chatear. Estas cifras parciales y, a lo mejor no actualizadas para el 2020, no abona de manera directa a los procesos productivos, a los de investigación ni a los procesos educativos; por lo tanto, hay que contrarrestar la brecha digital en el país.

Un baño de realidad institucional, en la Facultad de Ciencias y Artes de la Matías Delgado, el 78.3% de la población en formación se siente amenazada en su rendimiento académico por varios factores: uno, que el 50.4% tiene dificultades para acceder a sus clases virtuales. Asimismo, los estudiantes muestran su inconformidad con la relación precio-calidad al hacer teleeducación. Sus recursos tecnológicos no están adecuados para resistir las actualizaciones modernas para la realización de sus actividades de formación profesional; dos, 61.2% emplea computadoras para las clases, desglosándose en que ellos disponen en un 36.5% de laptop, 16.4% usan computadora de escritorio; 8.3%, MAC. Además, el 38.8% usa sus teléfonos inteligentes y su paquete de datos para hacer las tareas. Una visualización clara de la brecha digital. Siempre en los recursos tecnológicos, el 30.7% comparte su computadora con todos los miembros de su familia.

Ahora, argumentando bajo la segunda línea, Keegan (1990), sobre la interacción y la comunicación entre docentes y estudiantes, esta es clave para la validación de los programas de Educación a distancia. Claro está que ,ante la crisis sanitaria del COVID-19, se ha dado una respuesta al problema mayúsculo que el MINEDUCTY ha dejado en manos de las Universidades: formar profesionales en modalidad virtual. Holmberg (1985), en su texto The feasibility of the theory of teaching for distance education and a pro-posed theory, asume que la enseñanza es la interacción entre las partes que enseñan y aprenden, que el involucramiento de las emociones y sentimientos en las relaciones personales entre las partes que construyen el placer del aprendizaje e influyen en su motivación. Ante esta situación, la educación en línea exige la escucha atenta para acompañar el aprendizaje de universitarios.

Mario Kaplún sostiene que “la verdadera comunicación no comienza hablando, sino escuchando”. Ahora más que nunca, el estudiante solicita la presencia del docente para guiarlo en este proceso de aprendizaje que para muchos es nuevo, a veces estresante por verse frente a una computadora solo o sola sin la facilidad de ir y tocar a la sala de profesores para transmitir directamente sus consultas. Esto resalta la importancia de la comunicación en la educación, es decir, seleccionar mecanismos que dentro y fuera de un tiempo programado fomenten la conversación entre docente y estudiante para asegurarse que los objetivos educacionales se están cumpliendo, debido a que “la educación en línea exige activar y mantener dinamismos comunicativos” (Méndez, M: 2015, citada por Callejas, 2020).

Pese a las barreras tecnológicas, el 97.6% de los estudiantes considera que los contenidos que imparten los profesores de diseño, psicología, arquitectura y ciencias de la comunicación es útil, también el 66.3% de estos afirma que la metodología pedagógica empleada durante esta emergencia nacional es la apropiada, pues los jóvenes reconocen los esfuerzos de los profesores al utilizar plataformas digitales que, al cien por ciento, no garantizan la calidad que podría recibir, porque también son conocedores que el sistema educativo actual los acostumbró a la modalidad presencial desde Educación inicial. Por consiguiente, este es el factor que hace hincapié en la inconformidad con el precio-calidad de los servicios institucionales.

Ya a tres meses de impartir clases online, toca a los docentes hacer autocrítica sobre nuestra labor. ¿Cómo haremos esa autoevaluación? A través de la escucha atenta hacia los requerimientos o sugerencias de los estudiantes. En la Facultad de Ciencias y Artes, la retroalimentación por parte del cuerpo estudiantil ha permitido que los profesores exploren nuevas aplicaciones, útiles para elaborar videos en directo o guardados que explican procesos prácticos para dar una clase expositiva. Por su parte, Google Meet y Zoom, entre otras, se han convertido en plataformas ideales para dar clases en tiempo real, fomentar la discusión de los temas discutidos, entre otras disposiciones de cátedra. Actividad semejante a la que se ha venido realizando desde la modalidad presencial, pero que por desarrollarse en línea exige de un acompañamiento casi permanente. Un reto tomado por la mayoría de los docentes de las cuatro escuelas quienes invierten, aproximadamente, entre 10 a 12 horas a la semana en este proceso.

Ese acompañamiento es clave, pues el 73.8% de la población de la FCA se siente amenazada por su rendimiento académico en esta modalidad, pues los jóvenes opinan que el docente debe sintonizarse con ellos (en empatía) y ser un apoyo durante este proceso de crisis; por lo que los pedagogos deben adoptar prácticas para mejor su accesibilidad, dosificar la carga académica y cambiar los requisitos de los materias. Debe tomarse en consideración que los factores detectados que influyen en la modalidad virtual son: uno, 33.6% son emocionales; dos, 24.4% son económicos; tres, 17.6% se deben a la convivencia familiar; y otros como trabajo, salud y conectividad.

Tras los efectos del COVID-19 en Educación, ¿qué puntos de partida obtenemos de esto?

La investigación permite mapear tres conclusiones grandes sobre la teleeducación ante el coronavirus: uno, Educación Superior no está preparada para el trabajo a distancia en su totalidad; dos, la brecha digital se manifiesta en su plena realidad; y tres, el estrés y el encierro amenazan las actividades cotidianas y académicos; por lo tanto, ¿la educación salvadoreña responde a las necesidades de la sociedad del siglo XXI? No, aún gateamos, falta mucho por recorrer; por lo que se debe trabajar en las condiciones para resolver el problema en conjunto: reducir la brecha digital, apostar por la alfabetización digital y garantizar estrategias metodológicas e-learning propias de la cuarta revolución industrial para fortalecer las habilidades blandes del siglo XXI y que todo sea un aprendizaje cooperativo que fomente el intercambio de ideas, integre aspectos cognitivos, procedimentales y actitudinales para seguir articulados al mundo laboral actual.

Ante estos tres problemas, cómo han respondido las cuatro escuelas de la Facultad de Ciencias y Artes de la Universidad Dr. José Matías Delgado:

  1. Se hicieron programaciones periódicas, que buscaban principalmente, el adaptar los objetivos de aprendizaje presenciales a objetivos virtuales.
  2. Se siguió con la programación que se tenía en lo presencial, pero ahora a distancia.
  3. Se utilizaron plataformas de comunicación más adecuadas, desde Conscius hasta Google Classroom.
  4. Se evalúa lo programado con lo hecho en clase y se toma mucho en cuenta las opiniones de los alumnos que suelen expresarse en redes y por correo electrónico

¿Cuáles son los puntos de partida para la continuidad de la formación universitaria en la Facultad de Ciencias y Artes de la UJMD para el nuevo ciclo académico?

  1. Plantear la modalidad semipresencial a mediano y largo plazo, tomando lo mejor de lo presencial y lo no presencial.
  2. Seleccionar una opción de secuencia pedagógica a desarrollar en semipresencialidad. En este caso, se empleará el aula invertida como primer punto de partida para impartir clases.
  3. Usar las tecnologías de la información y de la comunicación en la planificación de los planes de estudios vigentes de Diseño, Psicología, Arquitectura y Ciencias de la Comunicación. Así se definirá las actividades sincrónicas y asincrónicas para cumplir con los aprendizajes esperados.
  4. El estudiante será el nuevo protagonista de su aprendizaje, el docente, en la modalidad de aula invertida, es un mediador del proceso de enseñanza en segundo plano.

Ficha de participantes de la investigación de Facultad

Decano: Ricardo Chacón Andrade.

Directores y Coordinadores de Carrera: Directores: Ricardo Chacón Andrade, de Ciencias de la Comunicación; Rafael Tobar, Arquitectura; Coordinadores: Lisseth Meléndez, de Diseño; y Jesús Guzmán, de Psicología.

Coordinadora Académica y Administrativa de la FCA: Martiza Montalvo.

Coordinadores de Investigación: Erika Pérez Funes, de Ciencias de la Comunicación; Pedro Sorto, Diseño; Juan Carlos Chicas, Arquitectura; y Carlos Weil Cruz, Psicología.

Recolección y sistematización de información en Ciencias de la Comunicación: Erika Funes, José Mauricio Rivera, Ricardo Hernández, Ludwing Contreras y Luis David Amaya. Diseño gráfico: Paola Villeda.

Equipo editorial: Editor-jefe de Tu Espacio: Kevin Salazar Recinos. Editores de apoyo: Diandra Mejía Ramírez y Ricardo Chacón Andrade. Diseño gráfico para web: Andrea García Juárez.

Muestra: 917 estudiantes de la FCA de la UJMD. Título de la investigación: Experiencia de la modalidad virtual en las Escuelas de Arquitectura, Ciencias de la Comunicación, Diseño y Psicología de la Facultad de Ciencias y Artes «Francisco Gavidia», de la UJMD ante la crisis sanitaria provocada por el COVID-19.


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