Lo cierto es que Zamiatin y Orwell retrataran un pasado totalitario de corte comunista que no volverá. No obstante, muestran, en sus obras, un espíritu de rebeldía movido por el alma y por la imaginación

Un fragmento del libro La rebelión de la Granja de George Orwell . Ilustración tomada con fines educativos

Por Ricardo Chacón

En el artículo anterior plantee que las piezas literarias de Zamiatin y Orwell señalan, con mucha agudeza, el peligro del fin del individuo absorbido por una masa amorfa e indefinida que dirigen algunos sujetos “iluminados”, que se hacen no solo con el poder, sino con la voluntad de la persona, terminando con lo más íntimo de esta: su libertad.

Zamiatin y Orwell, los rebeldes con alma e imaginación (Entrega 1/3)

En Rebelión de la granja, Orwell crea un mundo de animales, en una granja, que se rebelan contra sus dueños. Se plantea luego la creación de una nueva estructura social peor que la implantada por los antiguos dueños. Se trata, como se narra en la introducción a la edición en español, de una condena de la sociedad totalitaria brillantemente plasmada en una ingeniosa fábula de carácter alegórico.

Los animales de la granja de los Jones se sublevan contra sus dueños humanos y les vencen. Pero la rebelión fracasará al surgir entre ellos rivalidades y envidias, y al aliarse algunos con los amos que derrocaron, traicionando su propia identidad y los intereses de su clase. Aunque Rebelión en la granja fue concebida como una despiadada sátira del estalinismo, el carácter universal de su mensaje hace de este libro un extraordinario análisis de la corrupción que engendra el poder, una furibunda diatriba contra el totalitarismo de cualquier especie y un lúcido examen de las manipulaciones que sufre la verdad histórica en los momentos de transformación política.

La novela de Orwell finaliza con una lapidaria frase: “No había duda de la transformación ocurrida en las caras de los cerdos. Los animales asombrados, pasaron su mirada del cerdo al hombre, y del hombre al cerdo; y, nuevamente, del cerdo al hombre; pero ya era imposible distinguir quién era uno y quién era otro”.

Personajes como Lenin, Stalin y Trotsky, entre otros, son los arquetipos que se pintan en esta historia. Aquellos murieron, pero siguen entre nosotros personajes como Nicolás Maduro, Daniel Ortega, Kim Jong-un e, incluso, el impredecible Donal Trump, quienes luego de llegar al poder por las urnas o las armas, amenazan la estabilidad social, el bien común y la libertad individual.

Película animada basada en la obra de George Orwell

En 1984, Orwell construye en su narración una sociedad regida por grandes potencias que terminan con la individualidad. Winston Smith, funcionario del “Ministerio de la Verdad”, entidad encargada de controlar la información, conoce a Julia y comienza una relación amorosa, de por sí ya errada y errática, y juntos inician una férrea lucha contra el poder imperante, representado por el Gran Hermano (sucedáneo del máximo líder político) y Jefe de la Hermandad (representante del Partido en la política real).

Como telón de fondo de esta historia hay una lucha contra un Estado totalitario moderno: la mirada policial que lo penetra todo, incluso la intimidad. Los medios de comunicación son el instrumento del control de las ideas. En tal sociedad, por supuesto, el lenguaje es adulterado por el poder para distorsionar los hechos o, más exactamente, para crear una nueva realidad artificial. Los sentimientos, al igual que los placeres, incluido el sexual, están prohibidos.

Smith y Julia pelean por cambiar las reglas del juego en un mundo donde el lavado de cerebro, el soborno, el control y la manipulación de la verdad son las claves de un sistema totalitario perverso. Solo para ratificar estas ideas, Smith termina por convertirse en traidor, atrapado en la red del espionaje social.

Igual sucede en la novela Nosotros, de Zamiatin. Su autor empezó a escribirla en 1919 y la terminó dos años más tarde. Pero no pudo publicarla entonces. En esta novela, que inaugura el género distópico, el personaje D-503, narrador y protagonista, es un constructor de navíos, ingeniero y matemático que mantiene una lucha interior durante toda la obra. Al final es operado y le extirpan la imaginación, similar a lo que sucede con Winston Smith en la novela 1984, quien es sometido a una serie de sesiones de tortura para que acepte que 2 + 2 es igual a 5, una forma de probar su obediencia al Partido por encima de la verdad y de la razón.

Por su parte, D-503 vive en la ciudad de cristal y acero. En ella, todo está a la vista de todos. La sociedad está separada del mundo salvaje a través de un inmenso muro verde. El protagonista, que narra sus peripecias en una especie de diario (notaciones diarias), tiene una relación “operativa y normal” de pareja, como lo exige el sistema, con 0-90, pero se enamora de I-330, una joven rebelde que lucha por derrocar al Gran Bienhechor.

I-330 arrastra a D-503 en un sinfín de idas y venidas que no solo muestran su rebeldía al sistema, sino que se va mostrando las diferentes facetas del cambio interno que sufre el protagonista y cómo este va dejando de ser una persona con libertad, con creatividad y con alma. D-503 se ve arrastrado a una rebelión que hace tambalear el régimen. Al final es sometido a un lavado de cerebro: le extirpan “el ganglio craneano de la fantasía”. Su caso es análogo al de Winston Smith en la novela 1984: modernos Galileos que se ven obligados a abjurar de la verdad por el poder de instancias verticales y autocráticas.

En la novela Nosotros también aparece el personaje S-4711, guardia y vigilante de D-503, quien orquesta el derrocamiento de la rebelión. Su función, dentro de la estructura narrativa de Nosotros, es similar a la de O’Brien en la obra 1984.

“Yo, el número D-503, el constructor del Integral, soy tan sólo uno de los muchos matemáticos del Estado único. Mi pluma, habituada a los números, no es capaz de crear una melodía de asonancias y ritmos. Solamente puedo reproducir lo que veo, lo que pienso y, por esta razón quiero que mis anotaciones lleven por título NOSOTROS”, así lo dice textualmente D-503 en la notación uno de su novela.

Y es que Nosotros, tal como lo dicen varios críticos de la obra, no busca una “descripción detallada del sistema político y social por el que se rige el Estado Unido, ni tampoco profundizar en la caracterización de los personajes secundarios de la novela. Se centra especialmente en mostrar la lenta metamorfosis psicológica del protagonista que pasa de ser un ciudadano ejemplar y prominente dentro del esquema totalitario del Estado a convertirse, gracias al amor por I-303, en un rebelde involuntario de los acontecimientos que se desarrollan”.

En otras palabras, tal como lo señala una reseña de Nosotros: “en el futuro nuestro estilo de vida en sociedad basado en la libertad individual es un estilo de vida salvaje, desorganizado y nómada. En esta sociedad del futuro, los sueños constituyen una grave enfermedad psíquica. La libertad sexual es vista como un acto practicado por bestias salvajes, y la libertad personal está estrechamente vinculada al crimen”.

“El acto sexual, bien realizado, era una rebeldía. El deseo era un crimen tal. Si hubiera conseguido despertar los sentidos de Katharine, esto habría equivalido a una seducción, aunque se trataba de su mujer”, escribía Winston en su diario (página 65 de 1984).

“Pero la ternura que había sentido mientras escuchaba el canto del pájaro había desaparecido ya. Le apartó el mono a un lado y estudió su cadera. En los viejos tiempos, pensó, un hombre miraba el cuerpo de una muchacha y veía que era deseable y aquí se acababa la historia. Pero ahora no se podía sentir amor puro o deseo puro. Ninguna emoción era pura porque todo estaba mezclado con el miedo y el odio. Su abrazo había sido una batalla. El clímax, una victoria. Era un golpe contra el Partido. Era un acto político”, dice con claridad meridiana Winston sobre Julie, en la página 115 de 1984.

Igual decía D-503 en su diario, anotación número 3: “No resulta absurdo que el Estado de aquellas épocas (¡y aquel conglomerado osaba llamarse Estado!) tolerara la vida sexual sin el menor control. Los hombres podían divertirse en el momento que se les antojara y engendraban hijos de la misma forma irracional que los animales, con ciego placer, sin preocuparse de las doctrinas de la ciencia”.

D-503 describe lo que sí es correcto en la “nueva sociedad”, y lo describe con claridad en su anotación 5: “Cada número tiene derecho a un número cualquiera como pareja sexual. Todo lo restante ya sólo era cuestión de tecnicismo. En el laboratorio del Departamento Oficial para Cuestiones Sexuales, nos hacen un minucioso reconocimiento facultativo. Se determinan exactamente los contenidos de hormonas sexuales, y luego cada uno recibe, según sus necesidades, la correspondiente tabla de los días sexuales y las instrucciones para servirse de ella en estos días con fulana o mengana. A este efecto se le entrega a cada individuo cierto cuadernillo de boletos, billetes o talones rosas, como quiera llamárseles. De modo que ya no existe ninguna base para la envidia, pues el denominador de la fracción de la felicidad está reducido a cero, mientras la fracción se torna infinita”.

En resumidas cuentas, D-503, quien descubre que tiene una grave enfermedad, “posee alma”, es “creativo e imaginativo”, puede cometer delitos de “libre pensamiento” o “verdadero amor”. Nos dice al final de la anotación 12: “Nuestros dioses están aquí en la Tierra, y se hallan a nuestro lado, en nuestras oficinas, en la cocina, en el taller, en la alcoba. Los dioses se han convertido en lo que somos realmente, de modo que nosotros nos hemos convertido en dioses. Queridos lectores de un planeta lejano, iremos a verles, para que su existencia pueda transformarse en otra tan sublimemente racional y exacta como la nuestra”.