• Todo comenzó con la vinculación entre el autor ruso Yevgueni Zamiatin y su novela: Nosotros, y el escritor inglés George Orwell y las dos obras del segundo: 1984 y Rebelión en la Granja. Descubrí que el argumento de Zamiatin es reproducido, de alguna manera, por Orwell. Lo que me hizo revisar la relación entre ambos
Pareciera que ellos retrataran un pasado totalitario de corte comunista que no volverá. No obstante, muestran, en sus obras, un espíritu de rebeldía movido por el alma y por la imaginación. Ilustración tomada de Segundo Enfoque.

Por Ricardo Chacón

George Orwell (1903-1950) reconoció la influencia del escritor ruso Yevgueni Zamiatin (1884-1937) y su novela Nosotros, obra literaria poco conocida en Occidente a causa de la represión totalitaria soviética. Zamiatin escribió su texto en 1920, pero su primera traducción al español no apareció sino hasta 1970. En inglés fue publicada en 1924, y en Rusia, en 1988, justo después de que Gorbachov y sus ministros introdujesen las reformas necesarias para concretar la llamada Perestroika.

Lo cierto es que Zamiatin, Orwell y sus manuscritos no solo siguen teniendo relevancia, aunque es claro que el contexto histórico, de la época cuando escribieron hasta el día de hoy, ha cambiado. Pareciera que ellos retrataran un pasado totalitario de corte comunista que no volverá. No obstante, muestran, en sus obras, un espíritu de rebeldía movido por el alma y por la imaginación.

Nosotros, 1984 y Rebelión en la Granja son obras escritas no solo en países distintos y distantes, Rusia e Inglaterra, sino separados por más de veinticinco años. Sin embargo, aún en nuestra época siguen teniendo mucha actualidad porque tocan los temas de ahora y de acá. Se parecen no solo por sus argumentos, sino porque fueron creadas desde una misma realidad por mentes lúcidas que utilizaron la novela como una forma de mostrar la preocupación hacia los diferentes totalitarismos.

Estas piezas literarias señalan, con mucha agudeza, el peligro del fin del individuo absorbido por una masa amorfa e indefinida que dirigen algunos sujetos “iluminados”, que se hacen no solo con el poder, sino con la voluntad de la persona, terminando con lo más íntimo de esta: su libertad.

Todavía más: este tipo de narraciones vislumbra el mundo del totalitarismo desde la óptica de los inicios del siglo XX, sobre todo del nefasto comunismo implantado en la URSS. Hay un planteamiento de la sociedad distópica posmoderna donde, por un lado, se nos ofrece una sociedad altamente industrializada que permite a los humanos vivir en mejores condiciones materiales. Pero a la vez, se convive con las pantallas gigantes que controlan la vida cotidiana de las personas.

En esa nueva sociedad se generan, como sucede en la realidad actual de nuestros países, “noticias falsas” utilizando los mecanismos eficientes de las diferentes plataformas que plantean la web y las redes sociales. Asistimos así a la sumisión de la persona al mundo de la informática, de la inteligencia artificial e, incluso, se nos presenta la creación de “nueva vida”, producto de la manipulación de los genes.

En la sociedad post industrializada hay cambios profundos: se pasa de una economía basada en la industria a otra cuyo fundamento son los servicios, la información y el conocimiento. Tal cambio provoca una revolución tecnológica de gran alcance y dimensión. Sin embargo, los problemas de siempre: la pobreza y la marginación, siguen presentes en esta sociedad que no es menos desigual y excluyente que los colectivos anteriores. Amplios sectores de la población no gozan de las mejores condiciones de vida. La brecha entre “los que saben” y “los que no saben”, “los que tienen” y “los que no tienen” es cada vez más profunda.

El totalitarismo político e ideológico permanece y es tremendamente actual en este mundo y en nuestros días. Y tal totalitarismo es muy semejante al de antes, sobre todo después de que movimientos que enarbolaron el cambio, la revolución y el hombre nuevo, como es el caso de Daniel Ortega en Nicaragua, con el correr de los años retomaron las viejas estructuras de dominio, la opresión y la represión y se convirtieron en los nuevos “dictadorcillos” que subyugan a un pueblo que lo único que busca es gozar de más y mejores oportunidades para desarrollarse y crecer como seres humanos.

También ahora hay nuevos peligros. Hay instancias que buscan convertir al ser humano, al hombre libre, pensante y creativo, en una “máquina”, en un número más, en un ente de consuma y que forme parte de una cadena social enajenada y enajenante del mundo de hoy del mañana. En resumidas cuentas, las de Orwell y Zamiatin son obras disruptivas (aquello que produce una ruptura brusca) y distópicas (una sociedad ficticia indeseable en sí misma) que poseen gran actualidad.

El presidente Daniel Ortega brindó otra entrevista a medios de prensa extranjeros, esta vez a la agencia de noticias española EFE, en la que nuevamente cambió su versión sobre la operación de los paramilitares vinculados a su gobierno involucrados en la represión y muerte de los ciudadanos nicaragüenses que protestaba en su contra.

En una entrevista exclusiva en RT, el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, explica cuáles son las fuerzas que están detrás de las protestas antigubernamentales y cuenta cómo va a asegurarse el proceso de investigación de las muertes. Además, el mandatario habla sobre la relación entre su Gobierno y los empresarios, y expone su visión sobre la creación de un grupo de trabajo de la OEA para Nicaragua.