La carrera por conseguir que las imágenes y el sonido estuvieran sincronizados se encontraba a todo vapor. Warner Bros., a través del trabajo cinematográfico de Alan Crosland: El Cantante de jazz, logró su cometido en 1927. Dos años después, al menos 350 películas ya eran sonoras; bien se puede decir que el resto es historia

Por Cecilia Pleitez/Agencias

Antes de la cinta: El Cantante de jazz, del cineasta Alan Crosland y distribuida por Warner Bros., todo era silencio. Gracias al trabajo magistral de la producción, tras su estreno el 6 de octubre de 1927, el sonido se quedó para siempre. Aunque se debe aclarar que antes de este ingenio, el sonido siempre estuvo presente en el cine. Durante las proyecciones de películas mudas, una orquesta acompañaba las imágenes proyectabas para crear en vivo los efectos especiales, lo que hizo Warner Bros, junto a Crosland, fue sincronizar el sonido y eso mejoró mucho la experiencia de los espectadores en las salas de cine.

El logro de la sincronización musical y las instantáneas obligó a Hollywood a estandarizar las tecnologías de las películas sonoras y, en la actualidad, gozamos de una musicalización magistral en las diferentes ofertas que se ven en las carteleras análogas y digitales del séptimo arte. Además, de ver en las diferentes premiaciones qué producción se agencia la estatuilla. Y para el 25 de abril de 2021, los Óscar sorprenderán cuando seleccionen a las películas que merecen el oro por Mejor banda sonora y canción original, pero, ¿Qué tipo de ciencia está detrás de todo esto para que el séptimo arte se luzca en el lenguaje musical? Esa es la psicoacústica, la llave de éxito detrás de los metrajes.

La psicoacústica, la ciencia detrás del diseño de sonido

La psicoacústica es la ciencia comprendida en la psicofísica, que estudia los estímulos físicos de la naturaleza y las respuestas de carácter psicológico después del estímulo físico. En la cinematografía, muchas cintas fueron un gran éxito gracias a la combinación perfecta del sonido con la imagen. Entre las melodías más recordadas tenemos a The Shark theme, creada por John Williams en el thriller: Tiburón, de Steven Spielberg. La cual transmitía un pequeño momento de tranquilidad antes de cualquier situación siniestra.

Gracias al sonido, la experiencia del cine pasa de un plano bidimensional a uno tridimensional, debido a que se amplían los límites de las imágenes que transmiten las emociones al espectador. Aunque el sonido ha sido parte del cine por muchos años, en sus inicios no era una labor reconocida, fue hasta en los premios Óscar de La Academia, en 1980, que la producción Apocalypse now, de Francis Ford Coppola, ganó la estatuilla por Mejor sonido, gracias a Walter Murch, quién inventó el término «Diseño de Sonido» en la industria.

A partir de ese segundo momento histórico en el séptimo arte, la tecnología nos ha permitido sentir la película en un plano casi real, para que esta resulte creíble se necesita de tres componentes elementales: voces humanas, música y los efectos de sonido, las cuales tienen que estar perfectamente sincronizadas.

El sonido siempre es reconstruido.

El diseño de sonido consiste en apartar los sonidos propios de la grabación, este se modifica para darle una resonancia para crear una nueva realidad sonora. A lo largo de este proceso el sonido cuenta con variables que aportan a la construcción narrativa: el room tone. Este se refiere a la acústica que hay en cada lugar en el que se filma y se graba antes de iniciar la grabación visual. Además, se le otorga un momento de silencio al sonidista para que lo obtenga.

Otros elementos a considerar son los sonidos ambientales, estos pueden ser construidos a partir de las indicaciones del guion y la puesta en cámara, son la principal herramienta para extender el espacio dentro del plano; dicho de otra manera, son los sonidos que envuelven a la escena. Una parte esencial de las producciones cinematográfica son los diálogos. Hay dos tipos: de exposición y de tono. El primero expone y detalla las acciones; mientras que el segundo, se enfoca en el actor, pues este da a conocer los rasgos del carácter de su personaje sin exponer o delatar lo que ya los espectadores ven.

Sin dejar por fuera, están también los foleys o los sonidos incidentales, que son aquellos sonidos que escuchamos intencionalmente en las películas, el rechinar de las puertas, los pasos de los protagonistas; básicamente son las interacciones de los personajes dentro del plano.

Algunos cineastas consideran que usar música es un riesgo, porque puede confundir al espectador sobre una intención precisa dentro de una escena determinada. Entonces, cuando se emplea de forma correcta se propicia un ambiente psicológico, donde esta se desliza en un segundo plano y permite que la imagen revele a la audiencia lo que el equipo de producción quiere contarle.

Para ello, existen dos maneras sobre el uso de la música en corto y largometraje. La primera es la forma extradiegética. Esta proviene fuera de la imagen, es decir, los personajes no la escuchan, así como Steven Spielberg logró plantearla en Tiburón. Otra técnica de utilización musical es la diegética, que se muestra cuando un personaje la siente en su ambiente, tal como ocurre en Whiplash, del cineasta Damien Chazelle.

El silencio, parte esencial del sonido

La ausencia de sonido, creada a propósito dentro de una película, tiene un papel importante en el tono emocional de una película, como es en el caso de Sound of metal, la producción de Darius Marder, que se encuentra nominada al Óscar 2021 por Mejor sonido. Es increíble como a lo largo de los años, los guionistas, directores y sonidistas han jugado con el sonido y la imagen, al observar el vídeo de Sound of Metal, será muy difícil no cautivarnos con la relación entre el silencio y el sonido.