Carlos Cordero, quien es coordinador académico de la licenciatura en Diseño Gráfico en la Universidad Dr. José Matías Delgado (UJMD) hace una reflexión sobre la riqueza simbólica de identidad cultural que hay dentro de las alfombras de sal. También, el semiótico alude que esta tradición representa lo fugaz de la existencia terrenal

Los habitantes de Sensuntepeque elaboraron una alfombra en la pasada Semana Santa agradeciendo al personal de salud por ser los héroes en esta pandemia. Foto tomada de: EDH / Óscar Portillo con fines académicos e ilustrativos para el artículo académico.

Por Carlos Cordero, colaborador especial. Coordinador académico de la licenciatura en Diseño Gráfico de la Escuela de Diseño (EDD), de la Universidad Dr. José Matías Delgado

A través del tiempo y producto de una visión espiritual, el ser humano ha transformado los espacios pasando de una dimensión profana hacia una faceta sagrada, prueba de ello es la preparación asidua que ha hecho de recintos especiales para entrar en contacto con la divinidad en todas sus manifestaciones, así ha creado altares, templos y cuantas ceremonias y ritos toman parte de estos habitáculos. Es menester mencionar que estos aposentos han sido siempre cuidadosamente organizados en cada uno de sus detalles, entradas, salidas, ventanas, paredes y pisos. Estos últimos que representan la tierra o la dimensión de la materia por excelencia, deben de ser recubiertos para ser parte de esta nueva realidad trascendental; el ser humano investido con un rol sacerdotal ha creado las alfombras para proteger sus pies y aislar la materia burda dentro de este nuevo ambiente sacro.

Antropológicamente hablando y aunado a lo anterior, los tapices representan el poder que tienen los individuos sobre la tierra y el dominio que sobre ella ejercen. Dentro de la naturaleza solamente el hombre teje alfombras que asemejan en cierta forma a los nidos que determinados animales arman como vivienda o para realizar el apareamiento (Hemeroteca PL, 2019). A nivel social en base a su elaboración, las alfombras cumplen también una función jerárquica o demarcan un área determinada dentro de una casa, en un templo o un palacio, siendo parte de la cortesía y estatus su adecuación (Hemeroteca PL, 2019).

En la India se encuentra la tradición de las alfombras Rangoli, palabra que deriva de “Ranga” que significa dios y “Oli” que satisfará. Estas se suelen colocar no solo en los templos en los diversos festivales hindúes, sino en las casas como una forma de protección y como puente de unión de la naturaleza divina con la vida cotidiana. Estas alfombras simbolizan representaciones del cosmos a manera de mándalas y están elaboradas de arroz seco, areniscas de colores, semillas o pétalos de flores. (Reynoso, 2008)

Mujeres vestidas con trajes tradicionales decoran un ‘pookalam’ o alfombra de flores para agradecer la prosperidad. / Foto: Diario de León.

Por otro lado, en el viejo continente, en la Edad Media se solían preparar los caminos de entrada a los feudos o como parte de las peregrinaciones litúrgicas, dicha preparación incluía el uso de ambientes perfumados, arcos y alfombras de flores. Un ejemplo de estas romerías se tenía en Santiago de Compostela, en cuyo caso los aromas cumplían la función práctica de disipar el mal olor de los peregrinos quienes no se habían cambiado de ropa durante varios días de trayectoria, así como también transformaban el ambiente para una dimensión sagrada. En el caso de los arcos y alfombras florales, estos se elaboraban sobre todo para el Corpus Christi como una forma de preparar el camino del Santísimo Sacramento, que muchas veces debía de recorrer un trayecto de tierra el cual se necesitaba higienizar, para ello se cortaba romero, hojas de hiedra, así como pétalos de rosas o claveles y según el Archivo de Zaragoza, se prohibía incluso que previo a la procesión pasasen caballos, así como también era obligación de las casas regar agua para evitar que se esparciera el polvo. (Sanz, 2000)

En toda la península ibérica era una tradición la elaboración de estas calzadas desde el siglo VII, en los que estaban siempre presentes estos elementos florales o herbáceos y que acompañaban los cortejos de la fiesta de la Eucaristía. Una de las zonas que más fuerza tuvo estas tradiciones y que tomó forma finalmente hacia el siglo XIX es en las Islas Canarias, en la Orotava (Tenerife) hacia 1847, gracias a Leonor del Castillo de Monteverde, quien organizó un tapiz floral frente a su palacete empleando areniscas volcánicas grises, verdes y amarillas, procedentes del Teide. (Sanz, 2000)

Cabe mencionar, además, que, desde la colonización de América Latina, la tradición de la elaboración de alfombras se había exportado desde el viejo continente y no solo se realizaban para la fiesta del Corpus Christi, sino además para la celebración de la Asunción de la Virgen y la Semana Santa. Al igual que en España y Portugal, participaban en su construcción comunidades enteras haciendo uso de materiales propios de la localidad, tal es el caso de Tarma en Perú, que solían utilizar arrayán, geranio o anhelí, y en las noches previo a su inauguración, los grupos participantes de su creación solían beber un licor de caña y limón denominado calentito. Otros materiales empleados fueron la sal siguiendo el ejemplo de las islas de Lanzarote en España, el aserrín pintado o la cáscara de huevo, polvo de café y vidrio molido, estos tres últimos materiales propios de los tapices de São Paulo, Brasil. (Sanz, 2000)

Pero si una característica tiene todos estos materiales utilizados tanto en la península Ibérica como en el Nuevo Mundo, es la existencia perecedera, ya que este tipo de creaciones caen en la categoría de artesanías efímeras, del griego ephemeros que significa de “un día” y por extensión se emplea cuando se busca referir a algo pasajero o de corta duración. (Sanz, 2000)

Las artesanías son un importante referente del patrimonio cultural de los pueblos, su trascendencia radica en que son un pilar esencial en la historia de sus gentes, y cada obra concebida, sea material o intangible, sirve de vestigio cultural que da sentido de pertenencia a sus habitantes y sus territorios. En cuanto a la preservación de las artesanías, la UNESCO en su convención del año 2003, insta a los estados miembros a salvaguardar estas técnicas, dado que constituyen patrimonio inmaterial de la humanidad, reflejando la historia, la cultura y la identidad de las naciones. (Rivas, 2018)

Se ha hablado hasta este momento de los orígenes de los tapices en su sentido religioso, antropológico y sociológico, se ha hecho además un especial hincapié en los caminos florales y de otros materiales efímeros propios de las celebraciones del Corpus Christi y cómo estas tradiciones han perdurado en América Latina desde la colonización y son parte de la identidad cultural de sus gentes, así como también se ha mencionado el valor de su preservación como parte del patrimonio cultural inmaterial. Es por lo anterior, que se debe referir a los símbolos presentes en los materiales efímeros usados en la creación de estas alfombras.

Para dar paso a esta etapa, se ha hecho uso de conceptos semióticos, siendo la semiología según Peirce, la ciencia del estudio de los signos, mientras que el signo, todo aquello que hace o alude de forma directa hacia algo. Otro exponente citado es Julien Greimas, conocido por sus esquemas de análisis del relato a partir de ejes o parejas de actantes, siendo el actante no necesariamente un sujeto, sino un momento clave dentro del relato. Finalmente, y extrayendo diversos signos representativos, se citó a los autores Juan Orlando Cirlot con su Diccionario de símbolos, Adrian Frutiger a partir de su obra Signos, símbolos, marcas y señales y el Diccionario de Teosofía de Helena Blavatsky para exponer los significados de estas imágenes. Iniciando con el contexto en el cual se desarrolla la creación de estas alfombras, siendo el caso de Latinoamérica, estas se llevan a cabo en la Semana Santa. Según diversas fuentes, el relato original está enmarcado en San Mateo, capítulo 21, versículos del 7 al 9 que narra el episodio del Domingo de Ramos

“Y trajeron el asno y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos; y se sentó sobre ellos. Y la compañía, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino: y otros cortaban ramos de los árboles, y los tendían por el camino…”.

Entendiendo el contexto bíblico, Jesús es recibido en Jerusalén como el mesías y es en el marco de este recibimiento, que las gentes deciden cubrir el suelo de la entrada de la ciudad, como una forma de cortesía y en señal de reverencia hacia tan distinguido personaje.

Desglosando esta narrativa y partiendo del esquema de actantes de Greimas, se puede mencionar la primera relación actancial, denominada eje del deseo, en el cual Jesús, como sujeto va a Jerusalén, el objeto o finalidad de su viaje. Asimismo, en el marco de este recibimiento con palmeras y recubrimiento de los caminos, es lo que constituirá a posteriori las alfombras florales de la fiesta de la Eucaristía o del Corpus Christi, el cual desde la misma óptica del esquema de Greimas, establece una relación de comunicación o de destinador y destinatario, siendo el mensaje en el contexto religioso, que el Hijo de Dios tiene que morir para salvar a la humanidad de los pecados. Este proceso se ve culminado finalmente con la resurrección de Cristo al tercer día de su muerte.

Dentro de este esquema de actantes, se define también, un tercer eje denominado de la participación circunstancial, en el cual se puede mencionar un ayudante y un oponente; yendo nuevamente al relato bíblico original, el rol de ayudante serían estas personas que vitorearon a Jesús en su entrada triunfal de Jerusalén el Domingo de Ramos, y estas mismas gentes, los oponentes, quienes son representados en el Viernes Santo como los que pidieron su crucifixión. La misma dualidad vida-muerte del Domingo de Ramos y el Viernes Santo, constituye a su vez este último eje. Partiendo siempre de este capítulo del Nuevo Testamento y extrayendo determinados signos según los postulados de Peirce se tienen imágenes como el pan y el vino como elementos icónicos que indican que son un alimento, y a nivel simbólico, perpetuación, fecundidad, así como el cuerpo y la sangre de Cristo. Estas dos imágenes constituirán la base de la Eucaristía o sacramento de la Comunión, del latín communio, del prefijo con, entero, junto, consolidar, consumir; munus, cambiar y mover; ion, acción o efecto. Siendo su significado completo: aquel que cumple con su cargo. (Cirlot, 1992)

La misma palabra Cristo, del griego Chrestós, significa el ungido o elegido, haciendo alusión a la acción de haber sido bañado con aceite, este término, empleado en su versión original por Pablo de Tarso para referirse a Jesús de Nazaret. Otra interpretación de este término, extraído de la teosofía es el hombre que sufre y el iluminado. (Blavatsky, 2010)

Otra imagen sacada de este relato es la misma cruz, según Adrian Frutiger, considerada el signo de los signos, en su significación universal representa el crecimiento de los seres vivos, así como el desplazamiento, representados a partir de la intersección de dos líneas, una vertical y otra horizontal respectivamente. En el seno del cristianismo va a simbolizar también a Cristo, que fue crucificado en una cruz de madera según la tradición. (Frutiger, 2005)

Siempre hablando de los signos, se puede mencionar según Frutiger, a los mismos elementos vegetales con los cuales se elaboran las alfombras, que en esencia están representados con flores de diversos colores, frutos, ramos, todos propios de la estación y que, en palabras de este autor, hacen alusión al espacio vital que el ser humano habitaba. El bosque en su sentido intrínseco le proveía protección y a su vez alimentación, le llenaba de vida. Son estas alfombras representaciones del reino vegetal específicamente de la estación primaveral. (Frutiger, 2005)

Es importante también, exponer otros materiales de origen mineral como la sal, cuya función es la de preservar los alimentos, pero, por otro lado, también atestigua su fragilidad como componente que fácilmente puede diluirse con el agua y regresar a su estado original. La sal es además junto al azufre y el mercurio, una parte del Ilech crudum, es decir, uno de los tres principios constituyentes del ser: cuerpo, alma, espíritu o, en otras palabras, tierra, agua y fuego. (Blavatsky, 2010) 

Finalmente, el sentido mismo de la peregrinación, que desde tiempos remotos representa un cambio en la psique, y una forma de expiación de la conciencia. En el caso de las procesiones de la Semana Santa constituyen una forma de devoción como auto de fe. (Sisinni, 1998) 

De estos análisis se puede concluir primeramente, que la elaboración de las alfombras de la Semana Santa en su significación más directa tienen su origen en la fiesta del Corpus Christi o de la institución de la Eucaristía en el calendario litúrgico del Viejo Continente, el cual, en la América Latina, constituirá una de las exhibiciones más destacadas en el marco de la Semana Mayor, específicamente en las procesiones del Viernes Santo, que a manera de pleitesía y en señal de respeto, prepararán el camino para el paso del cortejo que acompañará las diferentes imágenes de Cristo o las diversas escenas del psicodrama de la pasión.

Por otro lado, estos tapices serán elaborados con materiales propios de la región, tales como flores, ramas de diferentes plantas, frutos tropicales, astillas de madera pintada, o sal. En el caso de los elementos vegetales simbolizan la vida, lo mismo los frutos y el aserrín pintado, todos ingredientes propios de una estación que evoca la fertilidad, siendo este período la primavera o la época en que retorna la energía vital a la tierra. Cristo al morir en una cruz, su madera hace alusión a un árbol, siendo el árbol además símbolo de vida. Se debe mencionar asimismo que las alfombras están llenas de elementos vivos que sucumben bajo el ardiente sol, otra alegoría de la existencia, de allí que la procesión de forma metafórica representa esa dualidad vida-muerte o un recorrido desde la plenitud hacia la crucifixión, pero necesaria para la resurrección. También, se ha mencionado que la etimología de Cristo en griego es Chrestós, o el ungido o elegido, que a su vez significa iluminado, nuevamente la estación está marcada por la predominancia de la luz, en el momento de la procesión es acompañada por el candente sol; siendo la luz y el calor símbolos de la dimensión espiritual, de la raíz latina spiritus o es-pyros, o soplo de fuego.

Siempre hablando de las materias primas de las alfombras, la sal, uno de los ingredientes propios de estas latitudes, constituye un símbolo de purificación y que permite por un lado preservar los alimentos, pero por otro, como ya se mencionó, evoca su carácter transitorio como componente, siendo este elemento por excelencia la representación de lo efímero de la existencia terrenal y que de forma alegórica también está retratada por la imagen del peregrinaje como parte de la procesión de la Semana Santa, no solo como un relato de en un pasaje bíblico, sino como una imagen de la línea de tiempo en la vida del ser humano que lo lleva hacia una inevitable muerte y posterior resurrección o retorno a la fuente, como la sal que regresa a las aguas del mar.

Finalmente, el Corpus Christi, como ya se expuso, representa la comunión en un sentido espiritual, pero además, de su raíz latina viene también la palabra comunidad, la cual llevada al contexto en que se desarrollan los tapices del Viernes Santo, representa a ese grupo de personas quienes comparten un mismo objetivo, y es que juntos con gran sentido de devoción dan vida a esa alfombra efímera hecha con flores, aserrín y sal, a sabiendas que al final de ese recorrido perecerá, como el peregrinaje por esta tierra, pero conscientes que el espíritu sobrevivirá, ya que ante todo, es inmortal.

Referencias

Blavatsky, H. (2010). Glosario Teosófico. México DF: Berbera.

Cirlot, J. O. (1992). Diccionario de símbolos. Barcelona: Labor.

Frutiger, A. (2005). Signos, símbolos, marcas y señales. Barcelona: Gustavo Gili, SL.

Hemeroteca PL. (2019 de abril de 2019). Alfombras en Semana Santa: historia y curiosidades. Prensa Libre. Obtenido de https://www.prensalibre.com/hemeroteca/alfombras-de-semana-santa-guatemala/

Reynoso, C. (2008). Diseño artístico y arquitectónico .

Rivas, R. D. (2018). La Artesanía: patrimonio e identidad cultural. Kóot .

Sanz, M. E. (2000). Antropología y artesanías efímeras.

Sisinni, F. (1998). In viaggio pellegrinaggi e giubilei del popolo di Dio. Roma: Cittá Nuova.