Existen 2 mil 823 emojis que incluyen una gran variedad de personajes, animales, seres mitológicos, comidas y hasta artículos diversos como la tecnología, pero una cuarta parte de estos son malinterpretados por su destinatario

La Gioconda, una de las sonrisas más populares en el arte, con un emoji sobre su rostro

Por Tu Espacio

Todo comportamiento es una forma de comunicación y, sin duda, el uso de estos iconos se extiende en aparatos inteligentes. Muy usados en la interacción humana 2.0 para reflejar emociones y comportamientos. Esta imposibilidad de no comunicar refleja el compromiso y la relación de quién habla y de quién recibe el mensaje. Ahora, los emoticonos forman parte cotidiana del sistema de comunicación no escrita y pese a la aparente sencillez de su grafía, ocultan una compleja faceta psicológica y social en su utilización.

Para comprender el fenómeno de los emoticonos es necesario recordar su función originaria: ahorrar el uso del teclado. Los emojis nacieron en una época en la que no existían los smartphones y el grueso de las comunicaciones se hacía a través de SMS, con las limitaciones de espacio (160 caracteres) y gráficas que imponía el sistema. La faceta práctica de los emoticonos es evidente, pero el alcance psicológico de esta forma gráfica de comunicarse, no lo es tanto

El estudio «Blissfully happy or ready to fight: varying interpretations of emoji», de la Universidad de Minnesota, confirma las peores sospechas: una cuarta parte de los emojis enviados son malinterpretados por su destinatario. Y hay un emoticono que se lleva la palma de las suspicacias: el de la sonrisa con los ojos cerrados, una expresión que genera una elevada confusión en algunos destinatarios y que deja patente la complejidad del cerebro humano. Este hallazgo es sustentado por otro estudio hecho por la Universidad de Rochester, que puso sobre la mesa que las personas más introvertidas son las que utilizan más emoticonos. «A las personas introvertidas les gusta más la ambigüedad y no quieren dar mensajes explícitos. Si “hablan” con emoticonos parece que no se muestran tanto. Es una forma de control de la comunicación», explica  Eulàlia Hernández, profesora de Psicología y de Comunicación de la Universitat Obreta de Catalunya (UOC).

Los hechos investigativos pone de relieve que los rostros con besos o los corazones se vinculan a personas amables, o que las personas emocionalmente inestables acostumbran a utilizar rostros que denotan exageración (cara cansada, cara del revés, cara que derrama un mar de lágrimas o la de los ojos girados).

 

Malentendidos provocados por los emojis

Ignacia Arruabarrena, doctora en Psicología y profesora en el departamento de Psicología Social de la Universidad del País Vasco, declara a EL PAIS que «diversos estudios han constatado que en un porcentaje significativo de casos, la interpretación por parte del receptor de algunos emoticonos va en sentido contrario o diferente al deseado por la persona que lo emite». Para la académica, esta confusión es provocada con mayor frecuencia por unos emoticonos determinados “cuyo significado puede resultar ambiguo”.

Las interpretaciones del 25% de emoticonos, sin embargo, van en el sentido inverso al que pretende el emisor. Por ejemplo el emisor puede mostrar una cara sonriente y el receptor puede creer que se burla de él. La representación de un rostro sonriente con la boca bien abierta y los ojos cerrados es el emoticono que más desacuerdo genera, según un estudio de la Universidad de Minnesota. El 44% de los participantes lo etiquetaron como negativo y el 54%, como positivo, lo que implica una clara falta de consenso.

Ambiguos o no, lo cierto es que los emoticonos se mantienen vivos y van adaptándose a la realidad del momento. La crisis del coronavirus ha tenido un impacto directo en la utilización de este código y ha disparado la utilización de una serie de emojis vinculados con la pandemia. Sin embargo, el top ten de los más utilizados no suele sufrir grandes alteraciones a lo largo del tiempo, y sigue capitaneado por el emoticono de la carcajada.

Japón, el dios creador del código comunicacional: emoji

Los emoticonos no surgieron atendiendo a una necesidad de mejorar la riqueza en la transmisión de mensajes, sino a una demanda puntual de un operador de telefonía. Fue la firma japonesa DoCoMo, quien decidió dotar a su plataforma móvil i-mode de elementos que aportaran valor añadido y le distanciaran de otros operadores. Nos situamos en el año 1999, cuando el diseñador Shigetaka Kurita recibe un inesperado encargo por parte del operador: crear un conjunto de iconos gráficos que enriquezcan su plataforma. Habían nacido los emojis.

Los emojis fueron un rotundo éxito en su momento y ya en 2004 acumulaban cerca de 40 millones de usuarios en su Japón natal. Pero no sería hasta la llegada de los smartphones unos años más tarde cuando los emojis se convirtieron en un elemento universal de comunicación. Hoy en día su uso está tan extendido, que nos resultaría inimaginable redactar un mensaje que no estuviera acompañado de este icono gráfico. Y es precisamente en las aplicaciones de mensajería donde los emoticonos han encontrado su espacio natural: Son enviados a diario 5.000 millones de emojis a través de Facebook Messenger y uno de cada cinco tuits incorpora uno.

Artefacto cultural, el boom de los emoji

Los emojis están muy vivos e instalados en nuestra comunicación nada parece indicar que esto vaya a cambiar, sino que este formato está en permanente evolución. Apple dio un paso en 2017 hacia la animación de los emoticonos con la presentación de los Animoji, aprovechando la tecnología TrueDepth de la cámara del iPhone, mientras que Samsung hizo lo propio con los AR Emoji. Ambos fabricantes han optado por adentrarse en el terreno de la personalización, gracias a los avances en los sistemas de reconocimiento facial de las cámaras. Así como Dinsey que aprovecha sus éxitos cinematográfico para seguir participando en un mercado de entretenimiento.