
Redacción|Magno Trujillo, Fotografía: Gerardo Henriquez, Equipo TDI.
El ingreso a la universidad suele estar rodeado de expectativas construidas desde el bachillerato, donde se proyecta una etapa de mayor libertad y crecimiento personal. Sin embargo, al enfrentarse a la realidad, esta libertad viene acompañada de nuevas responsabilidades académicas y personales. Como explica la maestra Montalvo, “la universidad sí te da libertad, pero también te exige que te hagas responsable de tu propio proceso”, lo que convierte esta etapa en una oportunidad clave para desarrollar independencia y criterio propio.

En ese sentido, la autonomía universitaria no debe entenderse únicamente como ausencia de control, sino como la capacidad de tomar decisiones conscientes. La también docente enfatiza que “esa libertad implica aprender a organizarte, porque nadie te está recordando todo”, destacando la importancia de la disciplina, la planificación y la gestión del tiempo como habilidades esenciales desde los primeros ciclos.
Equivocarse, adaptarse y crecer en el proceso universitario
La experiencia universitaria también implica enfrentar dudas y tomar decisiones que forman parte del crecimiento personal, desde esta perspectiva, la maestra Montalvo plantea que “no pasa nada si te equivocaste; es más valiente reconocerlo que quedarte en algo que no te gusta”, promoviendo una visión positiva sobre el cambio de carrera y el autoconocimiento como elementos clave en la formación profesional.
Asimismo, preguntarse si estás en la carrera correcta, es parte del proceso y requiere valentía, reforzando la idea de que la universidad no es solo un espacio académico, sino también un entorno de transformación personal. En esta línea, concluye que “la exigencia no es para molestar, sino para formar mejores profesionales”, lo que permite comprender que cada desafío académico contribuye al desarrollo integral del estudiante y a la construcción de un futuro con mayor claridad y propósito.

El episodio cierra recordando que la universidad es más que un espacio académico: es un proceso de construcción personal y profesional. Al final, la vida universitaria no se reduce a aprobar materias, sino a aprender a sostenerse a uno mismo. Entre libertades nuevas y decisiones difíciles, cada estudiante comprende que equivocarse también forma parte del camino. Como señala la experta Montalvo, “la exigencia no limita, sino que acompaña la formación de profesionales con criterio y propósito. Y es en ese tránsito donde la experiencia universitaria revela su verdadero valor formativo”.
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