Para Foucault, el poder no es algo meramente de la clase dominante, sino que es una estrategia de la clase dominante para poder someter a los dominados. Julio Herrera hace un recuento teórico sobre el funcionamiento del sistema de poder en El Salvador

Por Julio César Herrera

El término poder es una palabra que se utiliza muy a menudo en todos los ámbitos en El Salvador. Para Weber (1964) el poder está relacionado con la dominación y se relaciona con la búsqueda de ejercer autoridad sobre un grupo social determinado y lograr así obediencia. “Un determinado mínimo de voluntad de obediencia, o sea de interés (externo o interno) en obedecer, es esencial en toda relación auténtica de autoridad” (Weber, 1964).

Y es que el poder ha sido estudiado por diferentes sociólogos, filósofos, antropólogos, psicólogos (Weber, 1964; Izquierdo, 2013; Foucault, 2006, entre otros) y cada uno de ellos ha dicho diversas premisas entorno al concepto. Sin embargo, algo que sí han tenido en común es que en él existe un juego entre “operadores de dominación” (Foucault, 2006: 217). Pero antes de introducirse directamente al tema del poder es necesario tener claro que este proviene de un sistema que, notablemente, tiene fallas internas que permite que la dominación sea ejercida.

El término sistema ha sido utilizado como sinónimo de otros conceptos como el de organización, estructura social e incluso por cultura social, tal como lo expone Murdock (1949) en Sánchez (1968). En este sentido, el sistema o estructura social fomenta el status o posición social. La posición social es el conjunto de deberes y derechos específicos que determinadas clases sociales deberían realizar o ejercer. Estas teorías sobre las posiciones sociales, tienen gran relevancia para sociedades como la de El Salvador, en el que por haber sido un país colonizado, posee estratos sociales muy marcados; en los cuales determinadas clases sociales pueden decidir sobre otras (dominación, según Faucault), creándose de esta forma un elitismo dentro de la sociedad (Baro, 2014: 15-17). La palabra sistema implica que la forma de interacción entre los individuos plenamente funcional, una muestra de ello es la duración del mismo en El Salvador, desde su concepción como nación.

Otro autor que estudia la sociedad como un sistema, desde un punto de vista muy complejo, es Luhmann (2006), quien parte de que el sistema sociedad no se caracteriza entonces por una característica  determinada, lo que llama ‘esencia’ o por algún tipo de moral generalizada entre todos los individuos de la sociedad como producto de algún contrato social. Luhmann explica que la sistematización social inicia únicamente por la operación que realiza la sociedad y como esta posteriormente la reproduce. Esto también lo retoma Weber (1964) al afirmar que “los individuos se relacionaban tanto a nivel personal como social aún con la presencia de un poder  burocrático con pretensiones uniformadoras de la conducta humana”.

El sistema salvadoreño, en su conjunto, implica un estudio sobre el ejercicio del poder dentro del mismo, tanto a nivel fáctico como formal. Para entender el funcionamiento del ejercicio del poder en El Salvador se debe partir desde dos concepciones: la concepción sustancialista y relacional del poder (González, 2016).

El concepto sustancialista del poder parte de la tesis de que la realidad está formada por sustancias y accidentes. La primera no solo es lo que permanece fijo, lo que soporta los avatares accidentales, sino lo que determina el carácter propio de las cosas reales, sean estas naturales o sociales. La concepción relacional del poder tiene que ver con que el poder no es sustancial ni radica en el individuo; sino que existen relaciones de poder, las cuales no son sustancialistas. Es decir, relaciones entre individuos y grupos en las cuales se ponen en juego recursos políticos, económicos y sociales.

Las concepciones planteadas exponen dos acepciones muy distintas y opuestas entre sí: un poder en el cual grupos o individuos determinados poseen la capacidad de imponer sus decisiones e intereses sobre otros (González, 2016). Y esto también es retomado por Foucault (2011) pues para él el poder no es algo intrínseco en la clase dominanate pero es utilizado por ellos como una estrategia de dominación. “El poder no se posee, se ejerce” (Foucault, 2011: 11).

El poder actúa por medio de mecanismos de represión e ideología, manifiesta que ambas no son más que estrategias externas del poder que en modo alguna se contenta con excluir o impedir, o hacer creer y ocultar. En cambio, sostiene que el poder produce a través de una transformación técnica de los individuos (…) el poder produce lo real. (Foucault, 2011 en Ávila-Fuentemayor, 2006).

Los intereses de aquellas personas que concentran una mayor cantidad de recursos son los que alcanzan imponer sus pretensiones por encima de las normas formales de la sociedad, sobreponiéndose al Estado mismo, con incluso, la ayuda de este .Siempre han existido grupos que se sobreponen ante los intereses de la colectividad y atropellan la búsqueda del bien común. Un ejemplo de ello es el expuesto por Bethell (1990) al manifestar que: “(…) Los caciques locales incluso los ilegítimos, eran personas que ostentaban un tremendo poder en sus comunidades, y los españoles se los ganaron deliberadamente, bien sea a través de favores o bien por la fuerza.(…)” (p.165).

Y es que a pesar de encontrarse la sociedad salvadoreña en el siglo XXI, aún presenta estos resabios coloniales, que permite a personas de élite que razonen bajo unos conceptos feudales respecto de la institucionalidad del país, que sean ellos. Y en este sentido, Foucault hace un intento por romper la complicidad que hay de la ley con el Estado (cualquiera que sea y donde quiera que sea) y trata de “entender la ley como algo que demarca los demonios de la legalidad-ilegalidad sino como un procedimiento por medio del cual ilegalismos que dicha ley prohíbe, aísla y define como medio de dominación” (Ávila-Fuentemayor, 2006) y termina sosteniendo que “las leyes están hechas por unos y que se imponen a los demás” (Foucault, 2001).

Poder y dominación: una discusión

Las relaciones individuales regularmente, según todos los sociólogos citados anteriormente (sobre todo Weber y Foucault), están determinadas por vínculos de poder y es importante estudiarlo desde los niveles que se expresan a nivel social y sus respectivas características como hecho cultural en las sociedad en la que vivimos.

Weber distinguía entre poder y dominación trazando de este modo una diferencia que ha sido clave para entender el tipo de poder que detenta el estado moderno occidental. Mientras definía poder como [probabilidad de imponer la propia voluntad dentro de una relación social aún contra toda resistencia y cualquiera que sea el fundamento de la probabilidad, la dominación era la probabilidad de concontrar obediencia dentro de un grupo determinado para mandatos de toda clase o específicos. (Cleary, 2011).

Lo anterior hace una clara diferenciación entre poder y dominación, contrario a lo dicho por Foucault, pues para Weber la dominación no está siempre en todas las relaciones sociales (Foucault dice que sí) sino que solo en la “probabilidad de concontrar obediciencia dentro de un grupo determinado”. A manera de conclusión se puede decir que el estudio del poder, a partir de Foucault, Weber y otros pensadores, concluye que se encuentra en todo tipo de dominación hacía otras personas o grupos, incluso, lo podemos encontrar en los discursos en incluso a “todas las formas de dominio del hombre sobre el hombre, indicando como verdad, saber y poder están íntimamente relacionados” (Foucault, 2006).

Para Foucault, el poder no es algo meramente de la clase dominante, como se me mencionó anteriormente, tampoco es una propiedad sino que es una estrategia de la clase dominante para poder someter a los dominados. “El poder no se posee, se ejerce y sus efectos no son atribuibles a una apropiación sino a ciertos dispositivos del sistema que le permiten funcionar a cabalidad” (Ávila-Fuentemayor, 2006: 232).