La cantidad y la variedad de información en Internet supone un reto para su procesamiento, pero es un punto de partida para diseñar acciones específicas de comunicación. Ahora, ¿cómo deben interpretarse?

Por Christian Escobar Peña

Antes de exponer mi opinión sobre la big data, quiero hacer énfasis en un ejemplo sencillo y real para su abordaje académico. Netflix creó la serie House of cards basándose en los gustos y preferencias de sus usuarios. Recopilando las temáticas que triunfarían hasta los actores más apreciados. Aunque su cierre de temporada obedece a otros factores de la vida real, es claro que la tecnología juega un papel importante. McLuhan lo predijo: «la tecnología es una extensión del hombre» y, en esa extensión, están los datos de audiencia. He allí una de las claves de las investigaciones de audiencias en una era digital.

Los datos, los comentarios y cualquier otra información que se genera en la nube es clave para el trabajo de las marcas comerciales, medios de comunicación e instituciones gubernamentales. El big data comprende una serie de pasos estructurados (de gran tamaño que dificulta el almacenamiento) que se traduce en una opción o herramienta para aprovechar todos los datos para la creación de nuevos servicios. Actualmente, la cantidad de información poco estructurada en plataformas digitales que se acumula cada día es tan gigante, que es difícil de explotar por métodos convencionales. Consiste en darles el valor necesario y darles utilidad para generar beneficio.

El big data tiene pros y contras, desde la perspectiva que se evalúe. Lo que sí es seguro es que lo más importante no es la cantidad de datos, sino cómo se estructuran y se producen insights a partir de su análisis. Es por esto que el ingenio y la creatividad humana son elementos insustituibles, no pueden faltar al momento de la interpretación y en la toma de decisiones.

Según Viktor Schonberger y Kenneth Cukier, académicos austríacos, en su libro Big data: Una revolución que transforma como vivimos, trabajamos y pensamos, plantean que es un cambio que no se puede detener, es imposible que no pase. Sin embargo, que no es del todo positivo. La reducción de la privacidad es una de las amenazas de esta revolución informativa que tiene la capacidad de predecir el comportamiento futuro, gustos y preferencias de las personas». Tal es el caso de Facebook, que en la filtración de más de 87 millones de usuarios, de allí surge el dilema, regulación o auto regulación.

Algunas aplicaciones del big data son cuestionadas, pero se ha mejorado su aplicación. Internet presenta otro dilema en la clasificación: la mentira. Los perfiles de usuarios en redes sociales, páginas webs y pseudodiarios digitales llenan la Red de información falsa. De allí veremos cómo evoluciona todo en los próximos años.