Andrés Oppenheimer, reconocido periodista e intelectual de Latinoamérica, presenta en su libro: “¡Crear o morir!” las estrategias empleadas por grandes personalidades de las diversas disciplinas para demostrar que la tecnología es una aliada que condiciona la actividad humana

Andrés Oppenheimer, sobre su nuevo libro: “La innovación será uno de los pilares del progreso” Foto tomada de Internet con fines educativos

Por Christian Escobar Peña, estudiante de Ciencias de la Comunicación

Me atreví a leer a un gran intelectual del periodismo: Andrés Oppenheimer. Su libro “¡Crear o morir!” presenta cinco acciones claves que pueden ser útiles para varios países en América Latina. El autor rescata la importancia de la innovación y el emprendimiento como parte crucial del desarrollo de los países. Sin embargo, en El Salvador, tratamos de incorporar estos valores intangibles claves en nuestros negocios.

Según el Global Entrepreneurship Monitor (GEM), nuestro país está en escalas bajas de estos dos rubros. Esta problemática social y económica me hizo cuestionar: ¿qué hoja de ruta tendremos que seguir para escalar en ese ranking de 69 países y demostrar que somos una nación en vía de desarrollo en innovación y en emprendimiento? Afirma Oppenheimer, en su primer secreto, que hay que propiciar una cultura de innovación. ” Sin un clima de creatividad, de poco sirven los estímulos gubernamentales”, escribe el periodista. Claro, sabemos que El Salvador, de acuerdo con los datos estadísticos de la Fiscalía General de la República (FGR), que de 10 negocios, nueve cierren a causa de la violencia. Por consiguiente, hay que establecer directrices gubernamentales que propicien un buen ecosistema de emprendimiento que no desmotive y no anule el motor económico en el país.

El segundo secreto de Oppenheimer es fomentar la educación para la innovación. La escuela, como institución y agente de socialización, debe propiciar el espíritu de emprendimiento en sus centros educativos, solventando necesidades claves de la comunidad local. Una buena estrategia para las administraciones territoriales, procurando el desarrollo humano, económico e institucional de los municipios. El Salvador tiene un reto grande en los diferentes niveles de escolaridad, pero la población tiene disposición en salir adelante. Hay que reorientar los esfuerzos académicos a las realidades cercanas de los jóvenes, estoy seguro que así la educación fortalecerá su fórmula de romper los círculos de pobreza.

El secreto número tres es derogar las leyes que matan la innovación. El Salvador cuenta con uno de los procesos de trámites más amplios en América Latina para abrir o cerrar una empresa. Se requieren de 10 a 12 trámites para que un negocio inicie su proceso en el mercado. De acuerdo con Gold Service, esos trámites y la constitución de una sociedad con un capital de dos mil dólares puede provocar una cuesta arriba para el emprendimiento formal. Es por esa razón que muchas organizaciones no logran salir a flote. Por consiguiente, Oppenheimer determina que “para crear un mundo de innovación productiva, hay que hacer que la apertura y cierre de las empresas sea lo más fácil posible”.

El escritor plantea como cuarta clave: estimular la inversión en innovación. El Salvador solo invierte el 0.03% de su Producto Interno Bruto (PIB) en innovar y, para el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), los salvadoreños y su Gobierno deben propiciar un ecosistema económico estable que muestre los deseos de agilizar el motor económico.

Y como quinto secreto, el escritor sugiere: globalizar la innovación. En este punto las universidades como propone Oppenheimer, juegan un papel importante en globalizar el conocimiento, ya que deben de ser factores en el proceso colaborativo de la innovación. Algunas universidades privadas como la Universidad Dr. José Matías Delgado dispone de plataformas académicas-experimentales para impulsar a emprendedor a salir adelante.