Crónica redactada a partir de los hallazgos del “Estudio exploratorio sobre la violencia, el abuso y la discriminación en los concursos de belleza realizados en El Salvador de 2007 a 2017”. Conoce los orígenes de las agresiones que viven las jóvenes que deciden forjar carrera en el mundo del glamur.

Marisela de Montecristo representará a El Salvador en Miss Universo 2018.

Por: Rut Elisabet Aquino Cristales & Jonathan Jordan Cruz Mira 

Asesora de investigación y editora: Metzi Rosales Martel

Xela, considerada la segunda ciudad más importante de Guatemala, se convirtió en la sede oficial del certamen de belleza de la independencia centroamericana. El evento convocó a 10 concursantes provenientes de Centroamérica, México, República Dominicana y Puerto Rico, para conquistar el máximo galardón de belleza en la región.

A esta cita internacional, acudió María Ibáñez, una joven de 21 años, quien representaba a El Salvador, luego de competir y despuntar en los concursos locales. Su carrera profesional arrancó a sus 13 años.

Durante el concurso “íbamos a alcaldías, restaurantes y eventos de cultura. Eran muy bonitos, nos llevaban a teatros, a funciones, actividades de protocolo de la alcaldía y cenas”, relata María. Previo a su llegada a la mítica Xela, ella cursaba el primer ciclo de su carrera universitaria.

Los organizadores les asignaron a las diez señoritas un chaperón a su servicio, es decir, un acompañante de planta encargado de vigilar, sigilosamente, su comportamiento en la competición. Además, indicó que, en las diferentes actividades públicas, los patrocinadores del concurso generaban ganancias por la popularidad de las contendientes.

Como parte del cronograma de trabajo, la compañía a cargo del concurso ofreció una cena para todas las postulantes, con el fin de conmemorar las celebraciones de independencia de cada país centroamericano. El festín se llevó a cabo en un lujoso hotel colonial de Xela. A partir de esa noche, la célebre competición, que auguraba un éxito rotundo, tuvo un giro inesperado.

Según la representante de El Salvador, las aspirantes a la corona de cada país fueron trasladas, por la organización, a una zona exclusiva del hotel, a diferencia de las guatemaltecas. Ahí fueron ordenadas en una fila para ser llevadas de forma involuntaria a una mesa, en donde permanecían funcionarios del gobierno municipal, sindicalistas y jefes policiales de la localidad.

Sin embargo, el acomodamiento por mesa se efectúo bajo la modalidad de una subasta. “Cuando daban las descripciones de las candidatas, alguien de la mesa levantaba la mano, y eran colocadas en dicha mesa”, expresó. Inmediatamente, María se convirtió en víctima del acoso por parte de un desconocido, que, al parecer, estaba relacionado con el Ministerio de Salud Pública de Guatemala.

— El Salvador está súper cerca – dijo el funcionario.

— Sí, está cerca —respondió María.

— ¿Y tenés familia?

— Sí, tengo familia.

— ¿Y ha venido contigo?

En ese momento, la joven salvadoreña no sabía qué responder. Explicó que, al decir no, pensó que existía el riesgo de que el sujeto intentara ingresar de forma inescrupulosa a la habitación del hotel. El centro de alojamiento permanecía abierto al público en general. No había un dispositivo de seguridad adecuado para resguardar la integridad física de las jóvenes.

Sumado a ello, las habitaciones estaban distribuidas en diferentes lugares. Había un fácil acceso a las instalaciones, a tal punto que sus compañeras no hubiesen podido evitarlo. Por tal motivo, María respondió que era acompañada por sus padres y sus hermanos, y le reiteró que vendrían unos amigos a verla al resto de actividades de la Fiesta de Reinas Septembrinas.

Frente a esta situación, María derramó lágrimas de enojo y procedió a buscar a su chaperón para que la sacara de allí. Por su parte, la reina de Panamá, al notar lo sucedido, también fue retirada del salón. “¿Viste lo que estaban haciendo? Estos nos creen putas”, le dijo la panameña a María.

El alcalde de Xela y uno de los miembros de la organización se dirigieron al salón donde las habían llevado para disculparse con ellas, y asegurarles que todo era un malentendido. Además, les suplicaron a las tres reinas que disimularan, pues era una reunión muy importante. Las llevaron a sentarse en una mesa aparte, para que pudieran comer y estar más cómodas.

Cuando terminaron de comer, llegaron los chaperones a invitarlas a bailar. María no quería hacerlo, pues seguía incómoda por la situación; pero la terminaron convenciendo. El chaperón la llevó a la orilla de la pista de baile para que los hombres la pudieran observar. “El chaperón me dijo que uno de los hombres quería bailar conmigo, que no era el mismo que estaba en la mesa en donde me habían escogido. Me parece que era un militar, por su traje. Le dije al chaperón que no y que me dejara en paz”, cuenta María.

La representante de Panamá, la más extrovertida de todas, la llevaron a la pista para que otro hombre la sacara a bailar, y así hicieron con todas. María y la panameña se encargaron de decirle a todas lo que estaba pasando, que las estaban usando de damas de compañía, y fue entonces que todas se comenzaron a pronunciar. Luego de disculparse nuevamente con ellas, los organizadores las llevaron de regreso al hotel donde las tenían hospedadas y, al fin, las dejaron descansar.

“Estuve alrededor de tres semanas en Guatemala, y en la segunda semana comenzaron una serie de irregularidades. Los chaperones empezaron a meterse a las habitaciones de las misses y nos combinaron con las de ese país”, confiesa Ibáñez.

Según María, el concurso ya estaba arreglado. Ya sabían que Guatemala iba a ganar. Las atenciones y preferencias eran notables. Incluso, la ganadora conocía las preguntas que se harían en el evento final para coronar a la Reina Septembrina.

El origen de las agresiones

La amarga travesía de María no inició en Guatemala, sino en tierras salvadoreñas. Meses antes de viajar formaba parte de la organización Miss El Salvador. El dueño de la franquicia fue el mismo que la mandó a Guatemala. “Este tipo era asquerosísimo, trataba a las jóvenes con morbo y promiscuidad sexual”, afirma María.

Hasta la fecha sigue como dueño de la firma Miss El Salvador. Por esa razón, Telecorporación Salvadoreña (TCS) relanzó la marca del concurso, bajo el nombre de Nuestra Belleza, luego de adquirir las franquicias Miss Mundo y Miss Universo en 2006.

María, durante su entrenamiento previo al concurso de Guatemala, notó que González le hacía gestos inapropiados. Ofrecía darle masajes a sus senos, como una estrategia para aumentar su tamaño y, por otro lado, detectar el cáncer de mama. “Era obvio que quería tocarte”, expresa ofendida.

El empresario también tenía la pésima costumbre de ofrecer la piscina de su casa para que se fuera a broncear antes del concurso. Sin embargo, ella siempre rechazó sus propuestas.

María, de El Salvador, no fue la única. La representante de Panamá, una joven de piel morena, alta, esbelta y con un carisma singular, reveló que antes de ir a participar al concurso en el país vecino, se acostó con un empresario panameño, y con el dinero, a cambio de una noche de placer, logró comprar su boleto de avión para acudir a Guatemala. Al ver frustradas sus intenciones de ganar la competición, la chica se desahogó frente a todas, y exclamó: “Me duele porque yo vengo aquí con mucho esfuerzo. Me tuve que acostar con un hombre para poder venir”.

El camino oscuro hacia la corona

En la actualidad, los concursos de belleza se han convertido en escenarios propicios para cometer una serie de abusos en contra de las mujeres. De acuerdo a los datos recopilados, el abuso sexual, a través de sus distintos patrones y manifestaciones, es parte de la sombría carrera que las concursantes viven para conquistar la corona de belleza, el máximo símbolo y galardón de los certámenes.

El abuso sexual “es toda acción que daña a otra persona, y está asociado con el área de la sexualidad. No solo es una violación, sino todo aquello que tiene que ver con lo verbal, contenido sexual, manipulación o contacto físico. Todo lo que es hecho contra la voluntad de la persona”, define el sociólogo Luis Aquino. Además, “utilizar la imagen o figura de una persona con propósitos sexuales también es catalogado como abuso sexual”, sentencia.

Según la antropóloga y directora de la Colectiva Feminista para el desarrollo local, Mariana Moisa, todas las violencias expresadas en el cuerpo de las mujeres tienen su origen en el sistema patriarcal, es decir, en el sistema donde se cree y predomina el poder en los hombres,y donde hay, además, una consideración de superioridad frente a las mujeres.

Gabriela Dueñas, exreina de belleza, también confesó haber sido víctima de abuso sexual. Ella, junto a tres jovencitos más (todos menores de edad) participaron como modelos en una sesión fotográfica, en una de las playas del departamento de La Unión, auspiciada por la empresa organizadora de la competición.

Dueñas contó que una de las jóvenes ganó la categoría Petit, y los demás, títulos en la categoría Míster. Ese día, los ganadores fueron acompañados por sus padres, por ser menores de edad.

El fotógrafo, con mucha insistencia, rogó al organizador que le permitiera capturar fotos para promocionar su trabajo. El dirigente accedió sin conocer o tener un previo registro de su trayectoria profesional como fotógrafo. El sujeto procedió a tomar fotos a las reinas, quienes posaron en traje de baño en la playa.

Durante un breve descanso, el fotógrafo mostró parte de sus retratos fotográficos a Gabriela y sus compañeras. La reina observó las imágenes por medio de la cámara. Al ver la galería, se dio cuenta de algo impactante. “Había fotos en que yo me había agachado de alguna forma y se miraban mis nalgas, había fotos de las niñas cuando estaban acostadas en la cama con su traje de baño”, describió.

Gabriela reiteró que parte de las fotografías fueron registradas sin su consentimiento y de forma indirecta. Al ver lo sucedido, rápidamente, Gabriela mostró las fotografías a su mamá, quien arremetió contra el director de la organización y el fotógrafo.

En esa línea, los padres reclamaron al director por tales acontecimientos. Por órdenes estrictas, el fotógrafo tuvo que abandonar el lugar de inmediato. Lastimosamente, Gabriela dijo, en la entrevista, que borraron las fotografías de la cámara. El material pudo haber funcionado como evidencia contundente para judicializar este caso en las instancias correspondientes, por el delito de pornografía infantil, tipificado en el artículo 173 del Código Penal.

Utilización de personas menores de dieciocho años e incapaces  o deficientes mentales en pornografía

Artículo 173 – Código Penal de El Salvador

Art. 173.- El que produzca, reproduzca, distribuya, publique, importe, exporte, ofrezca, financie,venda, comercie o difunda de cualquier forma, imágenes, utilice la vos de una persona menor de dieciocho años, incapaz o deficiente mental, sea en forma directa, informática, audiovisual, virtual o por cualquier otro medio en el que exhiban, en actividades sexuales, eróticas o inequívocas de naturaleza sexual, explícitas o no, reales o simuladas, será sancionado con prisión de seis a doce años. (19)

Igual sanción se impondrá a quien organizare o participare en espectáculos, públicos o privados, en los que se hace participar a las personas señaladas en el inciso anterior, en acciones pornográficas o eróticas. (19)

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María Ibáñez estaba acostada en la cama de su habitación, en un hotel de China. La salvadoreña fue enviada para representar a El Salvador en un concurso de belleza internacional. Durante la madrugada, la representante hondureña tocó la puerta de su dormitorio.

—¿Me puedo quedar a dormir contigo? —  le preguntó.

— Sí, ¿por qué?

— Es que ya no la soporto. Se mete a mi cama y me toca.

En dicho certamen, la hondureña fue compañera de cuarto de una concursante europea, quien no podía hablar español. Este choque cultural generó intensas peleas entre ambas. La situación llegó a tal intensidad, que la europea intimidaba a la centroamericana para no denunciar los conflictos ante la organización. “Le agarraba la maleta y le sacaba todo”, cuenta María.

Durante uno de los eventos del concurso asiático, la hondureña reveló a María:

—  Mírala a ella. Ese vestido que anda es mío.

— ¿Por qué lo tiene ella?

— Ella lo sacó de mi maleta y se lo puso.

— ¿Y por qué no le dijiste nada?

— Es que no me entiende, y yo tampoco le entiendo.

Además, confesó que la intentó besar por la fuerza. A ella le daba miedo hablar, “fue terrible para ella”, señaló.

Las jovencitas que aspiran a convertirse en reinas se enfrentan a un sigiloso adversario. Hoy en día, muchos organizadores y productores de los reconocidos concursos de belleza encarnan la esencia de los abusadores sexuales.

Antonia Vásquez reveló haber enfrentado acechanzas constantes de un acosador, durante su participación en Nuestra Belleza. “Era un hombre, creo que era coproductor. Él trataba de hablar con vos a solas. Era un coqueto”, aseveró.

Todo el tiempo estaba detrás de las concursantes. Sus acosos no eran directos, pero sus comentarios iban cargados con un mensaje de doble intención. “Te voy a dar ride”, o “vení, sentate” les decía a las señoritas que no tenían carro.

“Hacía bromas de doble sentido conmigo y con otras niñas. Uno se reía porque no encontraba qué otra cosa decir. Era una situación muy incómoda. No podés decir algo por miedo a no recibir la corona. No pasaba de una gracia y tratar de alejarte de esa persona. Toda mujer que haya sentido un acoso no directo podrá entenderme”, detalla Vásquez.

Una estampida de trolles y misólogos

El acosador no siempre tiene un rostro definido. Tampoco es uno, son muchos. A veces es un troll, a veces un pseudo misólogo, y la mayoría del tiempo son los usuarios salvadoreños.

Es una tarde fresca de domingo. Estamos en una mesita, afuera de la sorbetería de un centro comercial reunidos, con Ana Cortez, la actual Miss Mundo El Salvador. Una chica joven, muy atractiva, muy natural. De hecho, está sentada muy cómoda, con una pierna extendida y la otra sobre la silla. Hay muchas risas, plática y se respira un ambiente de confianza. Hemos hecho “clic” con ella.

A Cortez la nombraron Miss Mundo El Salvador. No hubo concurso. Es una chica que nació con la corona en la cabeza. Ella entró a trabajar a Telecorporación Salvadoreña (TCS) como presentadora, y ahí le dijeron: “Ana, usted va a representarnos”.  Ella no sabía que, junto con el nombramiento, venía incluido en el paquete un ataque masivo en sus redes sociales.

Fui atacada, obviamente, en redes sociales, y en persona, no. Acordate que la gente cuando tiene una computadora se siente muy fuerte; de frente, nada”, expresa Cortez. La actual reina fue atacada antes, durante y después del concurso. La mayoría de las veces por personas que se autodenominan misólogos. “Un misólogo es una persona estudiada, que ha preparado misses para los concursos de belleza”. aclara.

“Cuando enviaron a Ana Cortez, fue bien atacada. Yo tengo los screenshots de un pseudo maquillista que la atacaba y decía cosas feas de ella. Se burlaba, decía que cómo podíamos mandar a esa vaca, a esa fea. Es un tipo que trabaja en canal 33”, testifica Tony Melara, coreógrafo de pasarela de mucha trayectoria en El Salvador, el preparador de Ana y de las exreinas de belleza que ha mandado TCS en años anteriores para Miss Universo y Miss Mundo.

“Le criticaban el parado, la pose y estatura. Discúlpenme, pero ¿qué promedio de mujeres tenemos en El Salvador? Yo mido 1.70 metros. En mi país soy una mujer alta, pero me decían que era enana, que era fea y bruta”, describe Cortez.

Durante el tiempo que Ana estuvo en el concurso de Miss Mundo 2016, la página Miss El Salvador escribió un post en el que decía que Cortez estaba cosechando todo lo que sembró. “Hasta el momento no sé lo que sembré”, dice riéndose.

También recibió, y sigue sufriendo, acoso sexual por medio de las redes sociales. No faltan los comentarios en sus publicaciones donde le dicen “mamasita rica”, “te quiero hacer esto…”, “te quiero besar”, o “te quiero lamer…”. A sus mensajes privados, de vez en cuando, le caen fotos de penes. Un día, Ana estaba con sus amigos y le cayó este mensaje: “Hola Ana, quería decirte que estás bien linda. Saludos. Que tengas un buen día”. El texto venía acompañado de la foto del pene del hombre que le escribió. “Si les mandan fotografías que corresponden a pornografía, eso es machismo. El hombre está manifestando su control por encima de la mujer”, define el sociólogo Luis Aquino.

Karen Marcela Castro, ex Miss Mundo El Salvador 2011, también fue atacada por Najarro. Creaba usuarios falsos para comentar cosas malas en sus fotos y la de sus compañeras. “Najarro dijo que yo le había hackeado la cuenta y que le había puesto un montón de insultos, que le había borrado contactos, que lo quería desprestigiar y que me iba a demandar. Él me acusó a mí”, afirma Castro.

Se trató de hablar con Najarro para ver su punto de vista ante estas acusaciones, pero no quiso dar ninguna entrevista. Sin embargo, expresó que “todos los días hay gente comentando sobre nuestras penosas candidatas o representantes”, como una forma de justificar el cyberbullying que se les hace a las salvadoreñas.

El acosador más agresivo está en las redes sociales

Algunas reinas de belleza en El Salvador se enfrentan a críticas muy fuertes por parte de los usuarios salvadoreños. La violencia que se vive en el país se refleja en las redes sociales. De acuerdo con la psicóloga Marisela Alfaro, esta sociedad da por sentado que estos abusos sean válidos y normales, lo anormal es que no se critique. “Yo creo que desde que empiezan en el concurso es como si comenzaran en números negativos”, afirma la psicóloga.

A Gabriela Dueñas le decían que se veía vieja para el concurso en el que estaba participando. Hubo una constante crítica a sus dientes y la forma de su nariz. Gabriela también confirmó que a Elsi Meléndez, Miss Teen 2013, le criticaron su cabello rizado. “Aquí, en Latinoamérica, somos bien estereotipados. Como que una reina debe ser 90, 60, 90, alta, nariz respingada, tener el cabello de cierta manera. A ella la atacaban diciendo que era muy delgada, que parecía jirafa, que el cabello era de bruja”, agrega.

Josselin Mejía, Miss Top Model of the World El Salvador 2017, también afirma haber sido víctima de ciberbullying cuando Reinado de El Salvador la presentó a ella y sus demás compañeras como concursantes. Los usuarios de las redes sociales les decían “feas”, que “muy delgadas”, “muy gordas”, que no eran el estereotipo de una mujer para representar a El Salvador.

En el concurso de belleza para coronar a la Reina de Santa Tecla 2016, las candidatas fueron atacadas cuando los organizadores de la Alcaldía Municipal publicaron, en la página oficial de Facebook, las fotos de las finalistas. Paulina de Hernández, la gerente general del Instituto Tecleño de Cultura y Turismo (Imtecu) comenta que las candidatas sufrieron de ciberbullying durante el concurso. “El año pasado tuvimos una chica un poquito gordita, pero era muy simpática y todo. Prácticamente la deshicieron en redes sociales, y eso, creo yo, que no hay derecho, o sea, a usted le puede parecer bonita una persona, a mí no y viceversa, o sea, nadie puede juzgar”, agrega la organizadora.

Como todo abuso, el cyberbullying se vuelve traumático para las reinas que lo sufren. Muchas de ellas llegan a creerse las críticas que les hacen por medio de redes sociales. Durante el concurso, Cortez lloraba en las noches. Su autoestima se vino al suelo. Todo el glamur, la belleza, sus galas no eran suficientes para llenar el vacío que sentía por dentro, causado por el acoso colectivo que sufrió. “Llegó un momento en que iba a la azotea a llorar sola. A la única que le hablaba era a mi mamá, porque era la única capaz de comprender lo que yo estaba diciendo. Las redes sociales llegan a agredirte de una manera que te sientes pura basura”, comenta Ana.

Después de tanta crítica en las redes sociales de que su nariz era fea, Gabriela terminó haciéndose una rinoplastia para sentirse mejor y que dejaran de criticarla tanto. Y su amiga, la de cabello rizado, Elsi Meléndez, se hizo un alisado de cabello para lograr el estereotipo de belleza dictado por los usuarios de internet.

La antropóloga Moisa afirma que lo mostrado en televisión y películas refuerza los estereotipos de la concursante de belleza o la aspirante a ser Miss. “Pero cómo juega este sistema patriarcal, tan dominado por esa estructura machista, de venderte una idea donde ser bonita tienes que ser tonta”, sentencia.