Muchas personas se escandalizan al descubrir que algunas de sus allegadas se han convertido en una nueva fan de las series coreanas e inmediatamente formulan comentarios como: “¿Qué tiene de interesante ver tanto asiático?”, “ni se les entiende lo que dicen”, “todos son iguales”. Pues no, no son iguales y las historias son muy atractivas, tanto que han atrapado a varias salvadoreñas de todas las edades que se desempeñan en diferentes áreas.

Gracias a la televisión online (por Internet), principalmente, las series o dramas coreanos han llegado a los hogares de la audiencia salvadoreña permitiéndoles acercarse a una cultura lejana, que muestra una ciudad desarrollada, llena de vida, rodeada por modernos edificios y repleta de personas que cotidianamente experimentan los mismos problemas que en el continente americano, entre ellos: el desempleo, problemas económicos, perdidas familiares, desamores, rivalidades, exclusión social, abuso de poder, por mencionar algunos. Asimismo, se desarrollan historias que resaltan la importancia de la familia, el respeto al adulto mayor, la amistad sincera, la perseverancia, entre otros.

Las producciones televisivas han permitido colocar a Corea del Sur en la mira de los salvadoreños, logrando que lo extraño, ajeno a nuestra realidad, se convierta en un elemento seductor que embelesa al espectador y lo invita a seguir conociendo más de las costumbres, ciudades populares, la música, forma de pensar, desarrollo e historia de esa población. Por ende, ¿cuál puede ser uno de los atractivos más significativos de estos dramas?

Particularmente, considero que uno de los elementos que permite enganchar con estas series es la imagen que proyectan de la mujer coreana. Una que va más allá de registrar su belleza y que la plasma como una persona independiente, trabajadora, preparada y sigue en formación académica, emprendedora, crítica, hogareña, moderna y respetuosa de sus tradiciones familiares. Una mujer que corre riesgos y que se esfuerza por alcanzar sus metas, alguien que hace valer sus derechos y que también lucha, por momentos, contra la corriente para ser tomada en cuenta en un mundo donde predomina el protagonismo masculino.

A simple vista parecería impensable lo que arriba describo, ya que hay varios dramas que transmiten un perfil diferente; sin embargo, hablo de personajes como la princesa de la dinastía Joseon, Hye-myung (My Sassy girl, drama histórico): una mujer culta, desapegada de las normas que rigen su condición real y quien logra convencer a su padre de estudiar Medicina antes de formalizar su noviazgo. También, de la maestra y bióloga Kang Su-jin (Call me mother, drama), quien decide rescatar a Hye-Na, su alumna de ocho años, del círculo de abuso en que su madre la introdujo. Vale la pena mencionar el papel de Kang Seo-jin (Go-Waikiki), egresada de periodismo, quien en su lucha por ser contratada por los medios de comunicación más prestigiosos pierde oportunidades al denunciar el acoso sexual laboral. También importa mencionar a la protagonista Do Bong-Soon (Strong woman Do Bong-Soon), una de las primeras heroínas, cuya fuerza sobrenatural contribuye a hacer justicia en su comunidad y proteger a su adinerado jefe, CEO de una prestigiosa compañía de videojuegos, en donde Bong-Soon realiza prácticas antes de incorporarse al área de diseño.

La lista de personajes como las antes mencionadas se puede extender, pero lo valioso acá es observar que las series, generalmente catalogadas como frívolas y superficiales, evidencian los problemas sociales como como el acoso sexual, la violencia intrafamiliar y la desigualdad laboral en sus intérpretes. Aunado a esto, la importancia de denunciar estas situaciones, conversarlas y tomar acciones.

Puede ser que algunas de estas temáticas sean abordadas ligeramente, pero existen y se relacionan con el perfil de una mujer activa, responsable de sí misma y que colabora con los demás. En fin, una mujer empoderada capaz de diseñar su futuro. Y lo más interesante de todo, es que la audiencia tiene contacto directo con estos mensajes que cada día se incrementan y que, al parecer, le están haciendo la batalla a los que se enfocan en plasmarla como alguien que es un poco boba, débil, insegura y cuya felicidad únicamente está vinculada con el amor de un hombre; y que, hasta cierto punto, refuerza su rol activo dentro de la sociedad coreana.

Bajo este panorama, las personas cercanas a las fanáticas de los dramas coreanos descubrirán que las horas dedicadas a estas historias no son desperdiciadas; todo lo contrario, generan discusión entre los grupos poniendo en tela de juicio la forma de actuar de estos. Algo que también sucede con los contenidos de las telenovelas y que Guillermo Orozco explica sucede por la capacidad que este género ha tenido en presentar lo cotidiano, porque es “lo que entiende la gente y puede incorporar”. Es decir, entregar ideas principales para trasladarlas en el lenguaje que comprenden, un formato atractivo que las seducirá y permitirá actuar.

Por lo tanto, estas historias contienen insumos que, contextualizados y reflexionados en el hogar y aulas escolares o universitarias, pueden reforzar el potencial que las mujeres poseemos y lo importante que es trabajar diariamente para alcanzar la igualdad en cada una de las áreas en las que nos movemos; y sobre todo, exigir y hacer valer nuestros derechos, difundirlos, colaborar entre nosotras para alcanzar nuestras metas y confiar en la capacidad para lograr lo que nos propongamos.

Datos de la columnista 

Silvia Callejas Contreras. Cuenta con experiencia en el diseño de proyectos de comunicación y educación, prensa y comunicación estratégica. Forma parte de la planta de docente a tiempo completo en la ECC, desenvolviéndose en la Coordinación Académica. Además, es consultora y correctora de estilo.