Los periodistas veinteañeros Bob Woodward y Jonathan Bernstein, del diario Washington Post, revelaron la trama de espionaje y escuchas que la Administración Nixon llevó a cabo durante la campaña electoral de 1972. Tras esto, Nixon renuncia y emprende cinco guerras para limpiar su nombre, pero el caso Watergate generó cambios en la política, gracias al periodismo de investigación

El 8 de agosto de 1974, Richard Nixon anunciaba su dimisión, aunque reconocía que dejar el despacho «es algo que aborrecen todos los instintos de mi cuerpo. Sin embargo, como presidente, debo anteponer los intereses de América». Fotografía cortesía de TalCual

Por Cecilia Herrera/ Agencias

No cabe duda que el caso Watergate fue polémico en la nación estadounidense. Nadie se esperaba que en la madrugada del 17 de julio de 1972, el entonces presidente Richard Nixon estuviese envuelto en la siguiente controversia: espiar y escuchar a miembros políticos del Partido Demócrata, luego de que capturaran a cinco agentes secretos al servicio del presidente y tenían como misión colocar micrófonos e intervenir los teléfonos de sus rivales demócratas para espiarlos. Fueron conocidos como The plumbers, los fontaneros, porque una vez detenidos declararon: «Si nos contrataron para evitar filtraciones, es que somos fontaneros», es decir, agentes especiales encubiertos y contratados por Howard Hunt y Gordon Liddy, dos hombres vinculados al Comité de Reeleccción del Presidente, un equipo formado por militantes del Partido Republicano creado por Richard Nixon y al que el presidente había encargado su campaña de reelección en los comicios de noviembre de 1972.

Han pasado 48 años del aquel caso revelado por el periodismo estadounidense. Con este escándalo se marcó un antes y un después para realizar investigaciones periodísticas a escala mundial. El primero en hacer este tipo de ejercicios fue el diario Washington Post, que gracias a sus periodistas Carl Bernstein y Bob Woodward decidieron profundizar en las informaciones para presentar una nota periodística. La investigación arrancó el propio sábado 17 de julio de 1972, el joven Woodward se acercó al juzgado para escuchar en directo la audiencia preliminar de los presuntos cinco «rateros», varios de ellos de Miami, que habían sido detenidos in fraganti en las oficinas del Partido Demócrata, en el edificio Watergate de la capital federal.

La información le interesó a Woodward cuando escuchó a que uno de los detenidos era James W. McCord Jr., el consejero de seguridad de la CIA. También le llamó la atención que otro de los arrestados dijese que todos eran «anticomunistas» de profesión. Aquella noticia se publicó al día siguiente, pero cuando se enteró junto a Carl Brenstein que McCord era también el coordinador de seguridad del Comité para la Reelección del Presidente en la campaña electoral, decidieron tirar del hilo y descubrieron que existía una conexión entre el detenido y gente muy próxima al presidente Nixon, encargada de resolver algunos problemas incómodos.

Carl Bernstein y Bob Woodward estaban decididos a encontrar la verdad les costara los que les costara. Es por eso que intensificaron sus labores entrevistando al personal que trabajaba directamente con el presidente Nixon. Encontraron información que les sorprendió y les llamó la atención que los colaboradores cercanos al entorno del Partido Republicano y de la Casa Blanca no se sentían cómodos con lo que estaba haciendo para el presidente. Los esfuerzos investigativos se alargaron porque nadie quería soltar datos que relacionaran a Nixon con lo sucedido.

Los jóvenes periodistas del Washington Post investigaron la trama durante dos años. En el proceso de su recolección de datos, Bernstein y Woodward se encuentran con Garganta Profunda. Su nombre, Mark Felt, quien pasó en las sombras por 35 años, debido al cargo que este ocupaba dentro de la Administración Nixon, pues era el director asociado al FBI. Entre ellos, se usuraron diversos tipos de señales para reunirse, como colocar una bandera roja en el balcón de la casa de Felt, y sus encuentros se celebraban de madrugada en un parking de Washington.

Durante los encuentros con Garganta Profunda, se corroboraron los datos que Carl Bernstein y Bob Woodward obtenían en su proceso de investigación. Además, Felt orientaba a Woodward hacia donde debía encaminar sus pesquisas. También, en una de las reuniones, la fuente anónima reveló la agresiva estrategia que estaba adoptando la Casa Blanca para espiar a sus rivales políticos, periodistas y a cualquiera que el Gobierno considerase desleal. Por fin, el 21 de septiembre saltaba la noticia: Bernstein y Woodward afirmaban con rotundidad que John Mitchell había controlado un fondo secreto para espiar a los demócratas.

El 10 de octubre de 1972, el Washington Post informó de que la investigación policial había concluido que el asalto a las oficinas del edificio Watergate formaba parte de un plan de espionaje y sabotaje orquestado para favorecer la reelección del presidente Nixon. A pesar del escándalo, Nixon consiguió ganar de forma indiscutible las elecciones presidenciales del 7 de noviembre de ese mismo año.

Pero eso no detuvo a Woodward y Bernstein, y el Washington Post decidió seguir revelando las informaciones. En enero de 1973, el juicio a los asaltantes del Watergate se saldó con una amplia lista de condenas, incluida la de James W. McCord. Este ex agente de la CIA, convertido en jefe del espionaje republicano, volvió a ser clave cuando envió una carta al juez afirmando que había cometido perjurio, que los acusados habían recibido presiones para declararse culpables, que había personalidades importantes implicadas y que temía por su vida si revelaba todo lo que sabía sobre el asunto. La carta daría un giro inesperado a la cobertura del caso y, como diría Katharine Graham, directora del periódico: «Toda la prensa apareció en masa, levantando literalmente las alfombras en busca de pistas. El Post ya no estaba solo».

Ante las presiones del Tribunal Supremo sobre Nixon, quien se negó a entregar unas cintas secretas obtenidas al escuchar a sus opositores políticos. La negativa provocó que los jueces emitieran una declaración jurídica que desestimaba la opinión del presidente de los Estados Unidos, por tanto, el 8 de agosto de ese año, Richard Nixon salió de la Casa Blanca, al perder los apoyos dentro de su partido, así como los eventos de un juicio político en el Congreso.

¿Acaso conocemos toda la verdad con respecto a Watergate?

Muy posiblemente no, no conocemos todos los trasfondos que el caso Watergate dejó, pero lo que si sabemos es que dejo estragos escalofriantes, hasta el hecho de que el presidente creo cinco guerras para intentar evadir a toda costa que la información saliera a la luz. Los cinco conflictos que, en su momento, no tenia tanta claridad como en la actualidad.

  • La guerra contra el movimiento pacifista: El Presidente utilizó todo su poder para evitar que más tropas llegaran a combatir en Vietnam. Su idea era emplear todo el poder militar y el del FBI para encontrar y rastrear a las personas que fueran peligrosas dentro de EE. UU. A pesar de que muchas personas le dijeron que era ilegal, a él no le importó. Nadie de la administración le puso un paro hasta que el encargado del FBI le dijo que no lo haría. Existen muchos rumores, pero una cosa es cierta y es que el tan famoso allanamiento que se escucha en las cintas nunca se dio. Se desconocen los motivos.
  • La guerra contra los medios de comunicación: Si bien los medios de comunicación no tenían en la mira las acciones ilícitas del Presidente, si cuestionaban sus acciones publicas como el hecho de que quitara los refuerzos en la guerra de Vietnam. Esto hizo tanto eco en él y en la población en general, que terminó viendo a todos los medios de comunicación como una amenaza que se debía erradicar a toda costa, porque causaba que los ciudadanos pensaran de él de forma negativa, lo que restaba popularidad.
  • La guerra contra los demócratas: Aunque parezca loco, el presidente Nixon estaba obsesionado con el Partido Demócrata ,hasta tal punto que ideaban todos los planes que fueran necesarios para conocer todos los documentos importantes que hubieran podido estar en su posesión. Luego de profundas investigaciones, el comité del Senadoencontró más de 50 saboteadores, incluidos 22 a quienes Segretti les pagó, un abogado que contrataron para calmar la obsesión del Presidente con sus rivales políticos. Todos estos planes se idearon con el único fin de conocer todo con respecto a los candidatos a Presidente por parte de los demócratas.
  • La guerra contra la justicia: Hizo todo lo posible por entorpecer la investigación en sedes judiciales, donde se quiso sobornar a todas las personas que habían trabajado para callar todo intento que involucra a Nixon en el escándalo de espionaje. Se negó en entregar unas cintas secretas que el Tribunal Supremo le solicitó, lo que ocasionó que perdiera todos los apoyos y Nixon dejara la presidencia del país norteamericano.
  • La guerra contra la historia: Sin duda alguna la guerra más difícil que Nixon enfrentó fue contra la historia, luego de renunciar a su cargo hizo todo lo posible para minimizar sus acciones ante el resto de la población. Actividades que trató de hacerlas ver de forma insignificante para que las personas no le tomaran importancia al caso Watergate. Lo más triste de esto es que lo logró, hasta cierto punto, debido a que una parte de la población de los Estados Unidos considera que las personas que cuentan el caso lo exageran en su totalidad o que la mayoría de hechos son calumnias inventadas por los medios de comunicación, entre otras cosas.