El incremento desmedido de esta ave afecta a la economía de los pescadores y sus familias. El Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) autoriza la cacería de esta especie, pues consume el 35% de los peces, lo que, en términos económicos, se traduce en una pérdida de 1.5 millones de dólares anuales

Pescadores y cormoranes se disputan los peces que quedan en el lago Suchitlán. Foto Marvin Recinos (AFP). Tomada con fines ilustrativos

Por Tu Espacio / Reportaje de la cátedra de Proyecto Informativo Impreso 1-2019

En Suchitoto, en el lago Suchitlán, los cormoranes se adueñaron de la isla Los Pájaros tras llegar en uno de sus vuelos migratorios hemisféricos. Para pescar, el también conocido pato chancho, se desplazan en simétricas formaciones sobre el agua, dando un espectáculo para los turistas, pero que causan la frustración de los pescadores de la zona. El ave acuática es un pescador voraz. Le gusta vivir en zonas de aguas claras y poco profundas. Mide 66 centímetros y pesa 1.1 kilogramos. Su proliferación está dejando en situación crítica a los peces de valor comercial que se reproducen en el embalse.

“Estos animales son tan inteligentes, como que fueran cristianos. Como que fueran trasmallos, se zambullen y empiezan a sacar el guapote o la tilapia. Ellos no fallan en la pesca, siempre traen uno en el pico”, aseguró Concepción Guillen, habitante de la zona. Las investigaciones hechas por el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) estiman que unas 8 mil familias de escasos recursos se ven afectadas por esta especie de ave. Don Saúl, pescador y otro desconsolado lugareño, reflexiona sobre los desafíos de medios de vida para su familia. “En un día bueno de pesca, se podía llegar a vender hasta $25 en pescado, en un (día) regular uno agarraba (la pesca) para llevarla a casa y así alimentar a la familia, pero en los malos días nos vamos con las manos vacías. Hoy hay muchos días malos por aquí. Tengo como dos semanas que no pesco para vender. A veces, logro sacar unas cuantas tilapias, pero como uno anda con hambre, aquí en el río enciende una fogata y las comemos”, agregó el pescador.

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Un panto chancho alza vuelo desde la orilla del lago Suchitlán. Sin hacer ruido, se eleva sobre el agua y pasa dos segundos flotando. Su plumaje negro se pone brilloso cuando le da el sol, tiene el pico puntiagudo y el cuello grueso. Aunque no es un pájaro atractivo, luce inofensivo. El cormorán neotropical pasó de ser un ave al borde de extinción en los años sesenta a proliferarse sin control. Desde que empezó a construirse, en 1973, el humedal Cerrón Grande, el lugar se convirtió en el Edén prometido para el pato chancho

“Antes habían muchos bagres en el río, pero el pato se ha ido acabando las crías. Y para nosotros, los pescadores, es difícil batallar contra esos animales”, sostuvo Felicito Álvarez, pescador de la zona. Investigaciones del MARN estiman que, desde 2012, los cormoranes abarcan una población mayor o igual a 30 mil de su especie. Según las autoridades medioambientales, este pato chancho consume 1.13 toneladas de pescado al día, que aprecios de mercado representan $ 3 mil 963 diarios, cerca de los 1.5 millones de dólares al año.

  ¿Cómo reestablecer el equilibrio?

Desde enero 2017, el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) ejecuta un protocolo de control de las aves del humedal, que incluye conteos trimestrales de nidos para hacer estimaciones. Además, de especialistas que aplican la técnica esfinge, que consiste en dejar colgado un espécimen muerto para ahuyentar al resto. También han liberado depredadores en la zona, pero los resultados no dan frutos.

En los casos extremos, agrupaciones de tiradores aficionados llegan a la isla de Los Pájaros. Una de las reglas de la caza deportiva es comerse lo que se mata, pero a nadie le gusta la carne del pato chancho. “Aquí hay personas que los han asado para saber a qué saben, pero es asqueroso. Huele a bacalao, por eso no nos gusta comerlo”, afirmó Jaime, un joven pescado de Suchitlán. “Para comerse eso, la gente debe tener mucha hambre. Hay gente que los prueba por curiosidad, pero no le gusta”, aseveró Elías Escobar, quien participó en el estudio de los hábitos alimenticios del cormorán, hecho por el MARN.

  ¿A quién más ha afectado el pato chancho?

Familias de los cantones de San Francisco y Candelaria Lempa, residentes de la ribera del 15 de Septiembre, de San Ildelfonso, San Vicente se ven amenazadas por el ave que no discrimina en el consumo de peces del humedal. La Mesa de Seguridad Alimentaria y Nutricional, encabezada en la Gobernación de San Vicente, declaró hace meses atrás una emergencia en la zona. “En esta zona la declaramos en emergencia alimentaria y nutricional por la plaga del pato y la ninfa; por ello se entregó alimentos que consisten en arroz, frijoles, aceite, cereal, macarrones y otros”, manifestó a medios de comunicación, Ricardo Martínez, vicegobernador.

En total 23 caseríos que conforman estos cantones son los afectados. “Antes mi esposo iba al río y uno tenía la esperanza que, aunque sea, trajera pescado para comer, pero el pato chancho afecta nuestra fuente de trabajo”, enfatizó María Cruz, residente de la comunidad El Divisadero. El vicegobernador de San Vicente espera extender la ayuda a más familias, que, por el momento, 230 núcleos familiares son atendidos por esta emergencia.