• Charlie Brooker, creador de la serie antológica, aborda el dilema ético de la sobreprotección paternal que forma niños inseguros, gracias a la tecnología.
  • La producción de Netflix conjuga la hiperconexión y la tecnodependencia del ser humano ante los desafíos éticos y morales de la sociedad.
En la era de los smartphones y del 4G, cualquier persona puede conectarse a Internet y realizar una sencilla búsqueda para obtener cualquier tipo de información en cuestión de segundos. El episodio de Black mirror destaca el rol de los padres en la era digital. Foto cortesía de la Sala de prensa de Netflix

Por Andrea García Juárez

El streaming surrealista Black mirror (Espejo negro, título en español) presenta un compendio de historias agudas e intrigantes sobre la “tecnoparanoia”. Charlie Brooker, creador de la serie, hace énfasis que su producción es “lo que hoy puedes encontrar en la palma de la mano. La fría y resplandeciente pantalla de un televisor, de un smartphone o de un monitor”.

El segundo capítulo de la cuarta temporada titulado: Arkangel, cuestiona la crianza de los padres sobreprotectores en una sociedad moderna. Los críticos de televisión elogian el planteamiento de los “híperpadres” en este episodio. La historia se centra en Marie, una madre soltera, que enfoca su atención en la experiencia y en los problemas de su hija Sara. De acuerdo con Eva Mitt, autora del libro Hiperñiños, ¿Hijos perfectos o hipohijos?, sostiene que: “[…] Es una educación que provoca mucha ansiedad, tanto al niño como al padre. Al primero, por no conseguir los objetivos del progenitor y sufre de presión constante; y por parte de los padres, por esa frustración que su hijo no sea perfecto, que no lleguen hacer lo que ellos pretenden”.

PlayAgain realiza un video para los fanáticos de Black mirror, donde explica las diversas situaciones que implica ser hiperpadre e hiperhijo.

El término “híperpadres” o “padres helicóptero” fue acuñado por Foster Cline y Jim Fay, quienes aseguran que estos progenitores están sobre sus hijos, y que esta sobreprotección ocurre en familias de nivel socioeconómico medio y medio alto. “Este tipo de padres y madres, suelen darse más en las mamás que están al tanto de todo lo que sucede en la vida de su hijo. Pero no es un síntoma de querer más al hijo, sino de satisfacer en ella lo no cumplido” menciona Irma Ruiz de Vega, psicóloga y conferenciante.

Además, la especialista agrega que el “híperpadre” se debe a la necesidad de ser el “padre perfecto”. “Es el inicio del camino a una rutina estricta e intensa de conocer la vida cotidiana de sus hijos, generando así consecuencias críticas en la confianza y el afecto desde una temprana edad por el sentimiento de restricción de vida personal”, explica de Vega.

Arkangel, la cuestión tecnológica en la educación de los hijos

El trasfondo de la narrativa busca responder la siguiente interrogante: ¿cuáles son los síntomas del hiperhijo? Eva Mitt, en una entrevista al periódico español elpais.com, expresa que: “cuando es incapaz de hacer algo que le tocaría hacer sin ayuda del adulto […] Otra característica son los miedos, y uno cada vez más común es el miedo a equivocarse, el miedo a fallar. También la ansiedad y el estrés, que son estados de los adultos, que cada vez se detectan más incluso en niños”.

De Vega sostiene que las actitudes de Marie y Sara son un reflejo de las condiciones de la crianza familiar con respecto a la tecnología. “Con la entrada de la tecnología, todavía se hacen más invasivas, debido a que promueve que el hijo debe informar todo lo que sucede alrededor. Además, de reforzar una vinculación no sana, pues este se vuelve dependiente de sus padres”, y agrega: “En la actualidad, llegar a este tipo de prototipos deteriora el verdadero término de educación parental”, puntualiza la experta.

Sin embargo, los pronósticos apocalípticos los teorizó Marshall McLuhan, al decir que: “al menos de que seamos conscientes de esta dinámica de la tecnología, nos moveremos hacia una fase de terror y pánico”. Con esta frase, el teórico de la Aldea Global hace hincapié que las tecnologías creadas por el hombre también transforman el conjunto de la actividad humana, por lo que tienden a generar un ambiente. ¿Pero hasta qué punto ese entorno es bueno o es malo?, pues Brooker dice que: “¿si la tecnología es una droga, cuáles son sus efectos secundarios?”.

Las diversas críticas

Louisa Mellor, reportera de Den of geek, destaca que Arkangel tiene un equilibrio sobre el dilema ético en el cuido de los padres en sus hijos, así como el estilo de una película independiente. También resalta que el discurso narrativo no es de soberanía (autoridad), sino de relación (empatía) (Pascale, 2003)

Sophie Gilbert, de The Atlantic, establece que la moraleja es clara, pero el uso de las imágenes adultas en un niño tiene interés para comprender el fenómeno de hiperpadres. Y Ed Power, en The Telegraph, sugiere que Brooker pudo ahondar más en las repercusiones de los niños viendo imágenes violentas y pornográficas, llamando al episodio “Black mirror: arquetípico casi hasta el extremo”.