
Redacción| Alessandra Valencia
Reducir la brecha digital también implica crear espacios de aprendizaje para quienes crecieron lejos de las tecnologías que hoy forman parte de la vida diaria. Bajo esa premisa, la Escuela de Ciencias de la Comunicación (ECC), en alianza con AFP Crecer, desarrollaron el curso La Inteligencia Artificial: una aliada para el adulto mayor, en el que cuatro docentes compartieron conocimientos sobre el uso responsable y práctico de la IA.
La experiencia representó un reto pedagógico, adaptar el lenguaje, la metodología y los contenidos para que los participantes pudieran comprender conceptos tecnológicos con ejemplos cercanos a su realidad. Al finalizar el programa, los docentes coincidieron en que el entusiasmo y la disposición de los adultos mayores para aprender fueron uno de los aspectos más enriquecedores del proyecto.
El maestro Ricardo Chacón, quien impartió los módulos “Introducción a la IA” e “IA para el bienestar social”, destacó que uno de los principales descubrimientos fue comprobar que el temor hacia la tecnología puede transformarse en confianza cuando las personas comprenden que la inteligencia artificial ya forma parte de su vida cotidiana.
“No hay que tenerle miedo a la inteligencia artificial y no es complicado utilizarla. Muchas de estas herramientas ya forman parte de nuestra vida diaria, aunque no siempre somos conscientes de ello”, explicó Chacón.

Enseñar desde la experiencia cotidiana
Los docentes coincidieron en que la mejor forma de explicar conceptos tecnológicos fue partir de situaciones conocidas por los adultos mayores antes que de definiciones técnicas.
«La metodología consistió, primero, en descubrir qué le interesa al adulto mayor, cuáles son sus preocupaciones y necesidades. Luego, responder esas inquietudes y, finalmente, llevar todo a la práctica, la mejor forma de aprender es haciendo», afirmó Chacón.
Además, el docente señaló que el uso de un lenguaje sencillo y ejemplos cercanos a la realidad salvadoreña permitió que los participantes comprendieran con mayor facilidad el funcionamiento de la inteligencia artificial.
Por su parte, el ingeniero Alejandro Cerna, responsable del módulo “La IA y la ciberseguridad”, comentó que las analogías fueron fundamentales para facilitar la comprensión de temas complejos. «La regla principal que nos pusimos fue: si no puedo explicarlo con una analogía de la vida cotidiana, todavía no lo entiendo bien yo mismo», describió.
Bajo esa lógica, conceptos como las contraseñas, la verificación en dos pasos o los deepfakes fueron explicados mediante ejemplos relacionados con llaves, puertas, máscaras y situaciones cotidianas, eliminando el uso innecesario de tecnicismos.
Vencer el miedo
Uno de los principales retos identificados por los docentes fue vencer el miedo que muchas personas adultas mayores sienten hacia la tecnología.
Para Chacón, el primer paso consistió en fortalecer la alfabetización digital y enseñar a reconocer fraudes, estafas y desinformación antes de profundizar en el uso de la inteligencia artificial.
La maestra Nohemy Navas, quien impartió el módulo “IA para la vida diaria», explicó que trabajar con este público exige conocer profundamente sus características y adaptar el ritmo de la enseñanza.
“Con los adultos mayores hay que avanzar muy despacio. No se pueden abarcar demasiados temas a la vez, es importante utilizar un lenguaje sencillo e invitarlos a entender que equivocarse es parte del aprendizaje», expresó.
Por su parte, la doctora Pamela Nieto, responsable del módulo “Comunicación y entretenimiento con IA”, también evitó recurrir a tecnicismos y optó por ejemplos relacionados con la vida diaria para acercar los conceptos a los participantes.

«Aprender a usar nuevas tecnologías no depende únicamente de la edad, sino de la disposición para seguir aprendiendo y adaptándose a los cambios», señaló.
Aprendizaje para los docentes
Además del impacto generado en los participantes, los docentes reconocieron que la experiencia modificó su propia manera de enseñar.
Alejandro Cerna afirmó que el proyecto le permitió comprender que explicar de forma sencilla requiere un conocimiento mucho más profundo de los temas. «Aprendí que la claridad es la forma más alta de respeto», aseguró.
Mientras tanto, Nieto destacó que la experiencia reafirmó la importancia de escuchar activamente a los participantes y comprender sus necesidades para fortalecer el proceso de enseñanza. «Conocer las preguntas, comentarios y reflexiones de los participantes permite comprender mejor sus necesidades y fortalece el proceso de enseñanza-aprendizaje», detalló.
Los docentes coincidieron además en que estas iniciativas fortalecen la autonomía de los adultos mayores al brindarles herramientas para comunicarse, aprender, proteger su información y desenvolverse con mayor seguridad en los entornos digitales.
Compromiso social desde la comunicación
Más allá de la enseñanza tecnológica, los entrevistados consideran que este tipo de proyectos reflejan la vocación social que caracteriza a la Escuela de Ciencias de la Comunicación.
El maestro Ricardo Chacón destacó que estos proyectos permiten demostrar que los adultos mayores mantienen el interés por aprender y seguir participando activamente en la sociedad. «Aprendí que los adultos mayores no están marginados; al contrario, desean seguir siendo activos y participar en la sociedad. La inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta que les permita mantener esa participación y autonomía», expresó.
Mediante esta alianza con AFP Crecer, la ECC potencia su labor inclusiva al acercar la tecnología a los adultos mayores, ayudándoles a fortalecer su independencia y bienestar.
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