
Redacción|Katherine Montes|Fotografía Equipo SH|IA
Vivimos en la era de lo desechable, un modelo económico diseñado para que los productos tengan una vida útil limitada con el fin de garantizar ventas constantes. Esta realidad, conocida como obsolescencia programada, no solo afecta la economía personal, sino que genera un impacto devastador en el medio ambiente: el mundo produce anualmente más de 50 millones de toneladas de residuos electrónicos, de los cuales se recicla formalmente menos del 20%.
El deseo antes que la necesidad: obsolescencia psicológica
Durante el programa, el ingeniero Alejandro Cerna, especialista en programación informática y docente de la Escuela de Ciencias de la Comunicación, profundizó en un concepto aún más sutil: la obsolescencia psicológica. Esta ocurre cuando un producto sigue siendo técnicamente funcional, pero pierde su atractivo emocional para el consumidor debido al marketing y la presión social.
El Ing. Cerna destacó que hoy existe una «necesidad» impulsada por las empresas para cambiar dispositivos, ignorando que el equipo actual aún puede cumplir sus funciones. «El reemplazo no empieza por una falla técnica, sino por ese deseo… la percepción de que me estoy quedando atrás», explicó.
El mito y la realidad del software
Uno de los puntos clave de la discusión fue la obsolescencia de software. El Ing. cerna confirmó que, si bien es un mito que los aparatos se «autodestruyen», existe una realidad técnica: las marcas dejan de ofrecer actualizaciones y soporte, o vuelven los sistemas más lentos, lo que empuja al usuario a buscar la versión más reciente para mantener la operatividad y las «nuevas bondades» del servicio.
Un costo ambiental que no vemos
La nota de reflexión de la jornada subrayó que la mayor parte de la huella de carbono de un Smartphone se genera durante su fabricación y no durante su uso. La extracción de minerales como el litio y el cobalto implica una minería intensiva y un alto consumo de agua.
Al respecto, María José Bonilla señaló que extender la vida útil de un teléfono solo un año más podría reducir significativamente las emisiones globales de carbono. Sin embargo, la industria textil también juega un papel crítico, representando entre el 2% y el 8% de las emisiones globales, impulsada por tendencias que desechan ropa que aún está en buen estado.

¿Cómo ser un consumidor responsable?
Para mitigar este impacto, el Ing. Alejandro Cerna y el equipo de «SerHumano» proponen las siguientes acciones:
· Evaluar la necesidad real: Antes de comprar, analizar si el cambio es por funcionalidad o por influencia de la publicidad.
· Planificación técnica: Al adquirir equipos (como computadoras para estudiantes), buscar especificaciones que aseguren una duración de al menos cinco años.
· Donación y reventa: Si un equipo aún funciona, pero ya no satisface nuestras necesidades, lo ideal es venderlo o regalarlo para evitar que se convierta en residuo prematuro.
· Reciclaje adecuado: Participar en campañas de recolección de residuos electrónicos para que empresas especializadas recuperen materiales y eviten la contaminación por metales pesados.

La reflexión final del episodio invita a la audiencia a cuestionar no solo cuánto consumimos, sino por qué lo hacemos. En un mundo diseñado para durar poco, el acto más revolucionario y consciente es, simplemente, hacer que las cosas duren más.
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