
Redacción|TU ESPACIO
Hablar de Yurina Melara es reconocer una trayectoria que cruza periodismo, comunicación pública y literatura con igual solvencia. Formada en redacciones salvadoreñas como Diario El Mundo y consolidada en medios estadounidenses como La Opinión, ha dedicado más de dos décadas a narrar realidades complejas con rigor y sensibilidad social. Hoy, desde su rol como Secretaria de Prensa en California, combina experiencia multicultural y mirada crítica para abordar temas de salud pública, justicia social y comunidades vulnerables.
En paralelo, su obra literaria ha consolidado una voz propia. Con la trilogía Todo Personal integrada por La masacre de la Sagrada Familia, Entre el amor y el poder y Todo Personal III: El recuento de los años, exploró las relaciones entre poder, violencia y narrativa política, utilizando la ficción como un espacio para cuestionar los discursos oficiales y las estructuras de control.
Su nueva novela, El Salvador, 2125, continúa esa línea, pero la proyecta hacia el futuro. En una ciudad transformada en Nova Cuscatlán, donde la tecnología redefine la vida cotidiana, la historia se centra en la desaparición de Anya y en la búsqueda emprendida por su amiga Metzli, un recorrido que revela un sistema tan avanzado como excluyente. La obra, más que una anticipación, funciona como un dispositivo crítico para leer el presente.
En el marco de su próximo taller con estudiantes de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación y la Licenciatura en Innovación y Transformación Digital de la Universidad Dr. José Matías Delgado (UJMD), Melara conversó con TU ESPACIO sobre los ejes que atraviesan su obra y los desafíos de narrar en contextos marcados por la tecnología.
Una mirada crítica de Melara previa a su taller
En ese contexto, el periódico digital TU ESPACIO contactó a Yurina Melara para una entrevista en exclusiva. A un día de su taller en la Escuela de Ciencias de la Comunicación (ECC), la autora comparte un adelanto del enfoque, las ideas y los debates que propondrá a estudiantes y docentes, ofreciendo una primera mirada a la temática que desarrollará durante la sesión.

La desaparición de Anya destapa un sistema desigual y tecnificado. ¿Qué aprendizajes concretos cree que los estudiantes pueden extraer de esta historia para analizar críticamente su propio entorno?
Creo que uno de los aprendizajes más importantes es entender que la tecnología nunca es neutral. Detrás de cada sistema automatizado, de cada plataforma, de cada mecanismo de vigilancia o clasificación, hay decisiones humanas, intereses económicos y estructuras de poder. La historia de Anya permite preguntarse quién diseña esos sistemas, a quién benefician y a quién dejan fuera.
También invita a los estudiantes a observar cómo la desigualdad no desaparece con el progreso técnico; muchas veces solo cambia de forma. En un entorno altamente tecnificado, las brechas pueden volverse más invisibles, pero no menos violentas: acceso desigual a salud, educación, información, movilidad o incluso al derecho a la intimidad. La novela propone mirar el presente con esa misma sospecha crítica.
Otro aprendizaje es la importancia de no normalizar lo injusto. A veces una sociedad se acostumbra tanto a ciertos abusos que deja de verlos como problemas. La desaparición de Anya rompe esa aparente normalidad y obliga a los personajes y al lector a preguntarse qué tipo de mundo están aceptando sin cuestionarlo.
Finalmente, me interesa que los estudiantes extraigan una lección ética: que analizar críticamente su entorno no significa solo denunciar, sino también imaginar alternativas. La ficción puede mostrar un futuro oscuro, sí, pero también despierta la responsabilidad de pensar qué decisiones estamos tomando hoy y qué país estamos construyendo.
Usted utiliza la distopía para hablar del presente. ¿Qué ventajas tiene la ficción frente al periodismo tradicional para cuestionar el poder, la tecnología y las decisiones que moldean una sociedad?
El periodismo es indispensable porque documenta, verifica y nombra los hechos. Pero la ficción tiene otra clase de potencia: puede entrar en las zonas emocionales, simbólicas y morales de una sociedad. Puede llevar hasta sus últimas consecuencias procesos que en el presente todavía aparecen fragmentados o disfrazados de normalidad.
La distopía, en particular, permite exagerar ciertas lógicas del presente para volverlas visibles. Cuando el control, la desigualdad o la deshumanización se proyectan en un futuro reconocible, el lector puede ver con más claridad aquello que en la vida cotidiana quizá ya considera inevitable. La ficción no sustituye al periodismo; lo complementa al abrir un espacio de imaginación crítica.
Además, la ficción permite explorar el impacto íntimo de las estructuras de poder. El periodismo puede mostrarnos cifras, leyes, escándalos o políticas públicas; la novela puede hacernos sentir cómo esas decisiones atraviesan un cuerpo, una familia, una desaparición, una comunidad. Y cuando el lector siente esa dimensión humana, la pregunta política deja de ser abstracta.
Otra ventaja es que la ficción puede arriesgar preguntas incómodas de una forma más libre y compleja. No está obligada a cerrar el sentido de inmediato. Puede sostener ambigüedades, contradicciones y dilemas éticos que reflejan mejor la experiencia real de vivir dentro de sistemas injustos.
Si me preguntan, por qué me interesa tanto las diferentes formas de literatura, pues es porque me interesa hacerme preguntas y tratar de encontrar respuestas que tal vez no caben en la realidad actual, pero que son muy válidas al cuestionar nuestro entorno y hacia dónde vamos como sociedad.
A lo largo de su carrera ha trabajado con comunidades vulnerables y temas de justicia social. ¿Cómo pueden los jóvenes comunicadores aprender a narrar estas realidades con rigor y sensibilidad, especialmente en un país en transformación como El Salvador?
Lo primero es entender que narrar una realidad vulnerable no es “dar voz” a nadie, sino aprender a escuchar con honestidad y respeto. Las comunidades no necesitan ser traducidas desde la superioridad, sino acompañadas desde una práctica ética de observación, investigación y diálogo. El rigor comienza ahí: en reconocer que uno no llega a confirmar prejuicios, sino a comprender contextos.
También es fundamental investigar más allá de la anécdota. Una historia humana conmueve, pero sin contexto puede volverse superficial o incluso injusta. Los jóvenes comunicadores tienen que aprender a conectar la experiencia individual con las estructuras que la producen: desigualdad, violencia, desplazamiento, exclusión tecnológica, deterioro ambiental, ausencia institucional. La sensibilidad no está reñida con el análisis; al contrario, lo profundiza.
Otro punto clave es cuidar el lenguaje. Hay una diferencia enorme entre visibilizar el dolor y explotar el dolor. Narrar con sensibilidad implica evitar el morbo, la simplificación y las etiquetas que reducen a las personas a su herida. Nadie es solo víctima; toda persona tiene historia, inteligencia, contradicciones, deseos y capacidad de agencia. Mostrar esa complejidad es una forma de dignidad narrativa.
En un país en transformación como El Salvador, además, creo que los jóvenes comunicadores deben desarrollar una mirada especialmente atenta a los cambios que a veces se celebran sin suficiente cuestionamiento: transformaciones urbanas, tecnológicas, políticas o económicas que pueden beneficiar a algunos sectores y excluir a otros. Su tarea no es solo registrar lo visible, sino preguntar quién queda fuera del relato oficial.
Y, por último, diría que hace falta valentía ética. Contar estas realidades con rigor y sensibilidad exige tiempo, escucha, autocrítica y una disposición constante a incomodarse. La buena comunicación social no consiste solo en contar bien una historia, sino en asumir la responsabilidad de cómo y para qué se cuenta.
La visita de Yurina Melara a la UJMD se perfila como un encuentro relevante para los estudiantes de Comunicaciones e Innovación y Transformación Digital, no solo por el acercamiento a su obra, sino por la posibilidad de dialogar con una autora que ha hecho de la narrativa un espacio de cuestionamiento sobre el poder, la tecnología y el futuro.
El taller se llevará a cabo este próximo jueves 23 de abril, a las 9:00 a.m., en el Salón de Actos Públicos del Campus 1 de la UJMD.
Docentes y estudiantes de ECC están invitados a prepararse para un encuentro que promete reflexión, pensamiento crítico y una conversación imprescindible sobre comunicación, poder y tecnología. Un espacio que conviene no dejar pasar.
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