Según el Observatorio de Género de la Dirección de Estadísticas y Censos (DIGESTYC) en El Salvador, alrededor de 1.8 millones de mujeres participan activamente en el mundo laboral, de las cuales 30 de cada 100 se han visto afectadas por actos discriminatorios en sus lugares de trabajo

Por: Carmen Loza, Tatiana Calderón y Gabriela Avendaño. Editora: Diandra Mejía

La mañana del 4 de septiembre de 2018, Ana Cruz recorrió las calles de San
Salvador para poder llegar a la empresa que, en ese entonces, le brindaría una oportunidad laboral en el área financiera. Ella, muy emocionada, pensaba que podría aprender y poner en práctica sus habilidades y conocimientos; sin embargo, nunca se imaginó que todas sus exceptivas se vendrían abajo cuando, al pasar los días, su jefe se encargaría de desprestigiar su trabajo y cuestionar cada una de sus decisiones con el de sus compañeros.

“Me resultaba muy molesto tener que escuchar los comentarios machistas de mi jefe que me hacían quedar como alguien incapaz, incluso había proyectos en los que me emocionaba participar, pero eran pocas las veces que se me daba la oportunidad de dar mi aporte. La mayoría de ocasiones simplemente era excluida de ellos y mi salario claramente era inferior al de muchos”, expresa Ana. Luego de unos meses, fue despedida por motivos de recorte de personal y, a pesar de la notable desigualdad que se daba en la empresa y la mala experiencia que vivió, asegura que nunca tuvo el valor de comentar su caso a las autoridades correspondientes.

En la sociedad, la desigualdad de género es un problema social que ha logrado mantenerse vigente en muchos países del mundo y El Salvador no es la excepción. Es este fenómeno el que logra poner en desventaja a la mujer en distintas áreas tales como en la política, la social o la cultural; sin embargo, en el país, según la última Encuesta Nacional de Violencia Contra la Mujer realizada por la Dirección General de Estadística y Censos (DIGESTYC), el ámbito laboral es uno de los principales espacios donde se refleja esta problemática, al producirse situaciones de violencia y desigualdad en la participación de las mujeres.

Así como Ana, muchas salvadoreñas tienen que enfrentarse a diversos obstáculos en el mercado laboral a diferencia de los hombres, lo cual les impide poder desenvolverse adecuadamente y crecer a nivel profesional. Esto se logra reflejar en los datos del Ministerio de Trabajo y Previsión Social (MTPS), los cuales exponen que alrededor de 685 mujeres se vieron afectadas, entre enero de 2018 a mayo de 2019 por actos discriminatorios en sus lugares de trabajo.

De la misma manera, el Observatorio de Género de la DIGESTYC ha dado a
conocer que al menos 30 de cada 100 mujeres se han visto afectadas por
acciones de violencia y discriminación laboral, lo cual significa que muchas de ellas en sus espacios de trabajo deben de enfrentarse a injusticias como la inequidad salarial, amenazas de despidos por permisos y cese de su puesto por maternidad o por edad.

Parte de la desigualdad en el ámbito laboral se muestra en los datos de la
Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples del 2018, donde la población
económicamente inactiva asciende a 1,895,551 personas; sin embargo, se logra reflejar que el porcentaje de mujeres sin empleo (75.7%) es mayor al de los hombres (24.3%).

Además, la encuesta demuestra que entre los motivos que obligan a las
salvadoreñas a no contar con un empleo es debido a que dedican la mayor parte de su tiempo a quehaceres del hogar mientras que los hombres se ocupan de estudiar.

En relación a los datos expuestos, Julia Aguilar, economista y
coordinadora de programas de la Fundación Alemana Friedrich Ebert en El
Salvador, considera que la desigualdad de oportunidades en el ámbito laboral es un problema que aún se mantiene presente en el país por diversas causas, entre ellas destaca el estereotipo de género que existe en la sociedad, donde se tiene la percepción que la mujer es débil y posee habilidades especialmente para desenvolverse como ama de casa y para dedicarse al servicio y atención hacia otras personas, lo cual limita su capacidad de desarrollar sus facultades personales, realizar una carrera profesional, tomar decisiones acerca de su vida y sus proyectos vitales.

La educación es otro factor importante a resaltar, ya que las mujeres suelen contar con un nivel educativo inferior a los hombres. Carmen Elena Alemán, directora de Plan International, establece que de todas las mujeres que ingresan o están en edad de estudiar el nivel superior, solo el 13% se gradúa, esto debido a que en situaciones donde existen recursos limitados y por las costumbres que inculca la sociedad, los padres priorizan la educación del niño mientras que la niña se queda en casa aprendiendo labores domésticas.

Estas limitantes educativas generan que muchas mujeres salvadoreñas tengan menos oportunidades laborales, acepten trabajos más precarios con tal de tener un ingreso, y que el sector informal sea ocupado por un mayor porcentaje de mujeres (47.3%) que de hombres (38.7%), según el estudio “Mujer y mercado laboral 2019: El Salvador. El futuro del trabajo con la industria 4.0, realizado por La Organización de Mujeres Salvadoreñas por la Paz” (ORMUSA).

Las mujeres más afectadas

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), tras su visita al país en diciembre del 2019 para observar en terreno la situación de derechos humanos, advierte que las mujeres que se dedican al periodismo o laboran en el sector de la maquila textil y de las bordadoras a domicilio presentan una situación muy desfavorable, ya que enfrentan discriminación por su oficio y por su género, así como diversas formas de violencia, incluidos hostigamientos, insultos y amenazas.

Tras la pandemia ocasionada por la COVID-19, el informe “Trabajadoras Remuneradas del Hogar en América Latina y el Caribe Frente a la Crisis de Covid-19”, realizado por ONU Mujeres, OIT y CEPAL, indica que otro sector que se ha visto aún más afectado es el de trabajadoras del sector doméstico, ya que a pesar de tener un papel clave en el cuidado de niñas y niños, personas enfermas y dependientes, y el mantenimiento de los hogares, incluyendo la prevención del contagio del virus, este grupo de mujeres debe enfrentarse a una situación de precariedad en su empleo.

Este mismo informe expone que América Latina y el Caribe, es una de las
regiones más desiguales del mundo en el mercado laboral, al discriminar a las mujeres por ser responsables de los cuidados. Solo en esta región entre 115 y 186 millones de personas se dedican al trabajo doméstico remunerado, de las cuales el 93% son mujeres.

Todas las mujeres que pertenecen a estos sectores viven una situación especial de vulnerabilidad, donde deben lidiar con jornadas de trabajo extensas, pagos que no cumplen con el salario mínimo establecido y con la falta de prestaciones sociales para su supervivencia y el sostenimiento de sus familias ante escenarios de despidos o frente a la reducción de sus ingresos.


En El Salvador, Instituciones como el Instituto Salvadoreño para el Desarrollo de la Mujer (ISDEMU) promueven la igualdad, equidad y erradicación de la discriminación contra las mujeres, logrando avances en el ámbito laboral como la ampliación de la cobertura social para las personas trabajadoras domésticas e independientes y sus beneficiarios, según expusieron en una conferencia en marzo de 2019. Pese a ello, se considera que la prevalencia de la desigualdad y discriminación contra la mujer sigue siendo preocupante y un reto para el país y la sociedad, ya que muchas trabajadoras, ante las pocas oportunidades que poseen, se concentran en conservar un empleo a pesar de los abusos e inestabilidad que estos presentan.

De acuerdo con Carmen Urquilla, coordinadora del Programa de Justicia Laboral y Económica de ORMUSA, la precarización en el empleo femenino es evidente y, a pesar de existir leyes claras contra la discriminación y desigualdad laboral, así como Ana Cruz, la mayoría de mujeres no denuncian estas injusticias debido al miedo, desconocimiento y porque las leyes actualmente favorecen más al empresario que al empleado.


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