El poema del hondureño Justo Pastor Zelaya retrata al hombre desde el cosmos. Para el sociólogo, Rodríguez Caamaño, el pensamiento, la intuición, las preferencias y valores son escenarios del proceder humano

Te dejamos el ejercicio poético que retrata perfectamente la teoría de la comunicación humana: la legitimación del ser humano en su interacción como ser social, desde el alma y la imaginación.

Infinidad.

Justo Pastor Zelaya

Poeta hondureño

Todos los días quiero ser de esas hojas

resplandecientes que nacen en los árboles eternos,

todos los días me despierto

con un inconmensurable humor de insaciabilidad,

todos los días me destellan las neuronas

ante las emisiones

de las agradables peculiaridades que visitan mi fuego

y todos los días me percato

con esperanzadora reflexión que envejezco sin cesar.

 

A veces vienen al plano ordenado de mi mente

las imágenes lúcidas de la humanidad:

La precisión regia de las irremplazables ciencias,

la perfección maravillosa de la pasión artística,

la diversidad de colores que cae sobre los romances,

los ecos alegres de las culturas,

la paz que se perfila en la enramada soledad,

las paredes inamovibles de cada personalidad…

escucho los exquisitos cantos de los pájaros,

el zumbido célibe del viento,

los ladridos vagabundos que penetran la mente

y ponen en tela de juicio

los convencimientos de la coherencia.

 

A través de afinados sentidos absorbo

la armonía magistral

de cada gota de lluvia dimensional que cae sobre mi

[estacionario suelo.

Sé de las carreras mortales del reino animal

y de la evolución diferencial de los instintos

¿Por qué son esquivas las miradas de las ardillas?

¿Porqué transmiten ocultas encriptaciones

los movimientos de los gatos?

¿Porqué produce dulces principios

el resplandor de las luciérnagas?

La cautivadora sorpresa

ante la multiforme fluctuación de la existencia

es como un enriquecido elixir que merece ser compartido para multiplicar la intuición del buen gusto universal

y repartir sus mensajes a todos los habitantes de la tierra.

La apreciable sutilidad que propagan las danzas

espectaculares de los plumajes, la mansedumbre

contagiosa de las flores, la inasequible

diversidad que se sumerge

en los asombrosos océanos.

 

La vida esparce sus escenas llenas

de rebosantes enigmas y la razón recibe

mi forma de inconforme acertijo.

Nuestra inteligencia tiene dimensiones eternas

—o al menos competencias—

quizás sea el alma racional inmortal de Platón

o la ingeniosa cátedra del karma

o un escurridizo y semioculto camino

hacia la abundancia vital que promete Yahushúa

[—Jesucristo—

o tal vez sólo sea irremediable imaginación,

encantada fantasía, ilusión de cristal.

 

Una Consciencia Inextinguible se sumerge adentro

del corazón humano y construye

fenómenos sobrenaturales

para que las locuras naturales no carezcan de amor. 

 

Existen muchas huellas que muestran

un camino hacia el Primer Origen  

—hacia lo que existía

antes de que hubiera algún antes—

allí se descubren prismáticas respuestas

mezclándose con los colores de los sentimientos

(el poder de superar el complejo plano

de las certidumbres del Big Bang)

—ir más allá de él—

delirio de infinidad o intuición iluminada,

exultación espiritual…o conmoción colectiva

ante las hilvanaciones cerebrales que subyacen

de la claroscura totalidad entendida.