
Redacción|Christopher Guadrón|Fotografias con licencia para ECC
Las extensas horas frente a un escritorio o dentro de un aula pueden generar consecuencias tanto físicas como cognitivas. El cansancio, la falta de atención y el estrés son solo algunos de los efectos asociados al sedentarismo prolongado. Ante este panorama, diversos especialistas coinciden en que es clave incorporar momentos breves de movimiento a lo largo del día: las llamadas pausas activas.
Estas consisten en descansos cortos que incluyen estiramientos, caminatas breves o movimientos físicos simples. No requieren suspender por completo una clase o una jornada laboral, sino que se integran en intervalos de pocos minutos, suficientes para mejorar la concentración, reducir molestias musculares y potenciar la productividad.
De acuerdo con un informe de la Universidad de Málaga, las pausas activas son periodos breves dentro de la jornada laboral o académica que buscan disminuir el sedentarismo y mejorar el rendimiento. Según sus datos, este tipo de actividades pueden incrementar hasta en un 25% el desempeño en el trabajo y reducir entre un 35% y 40% las ausencias laborales.
La evidencia científica también respalda estos beneficios en el entorno universitario. Una revisión publicada en la revista International Journal of Environmental Research and Public Health encontró que las pausas activas en estudiantes universitarios reducen la fatiga, mejoran la atención y promueven el bienestar general. Asimismo, un estudio de la Universidad de Limerick (Irlanda) confirmó que implementar descansos de movimiento en clases largas es viable y tiene efectos positivos en la motivación y el disfrute del aprendizaje.

Pero, ¿qué tipo de ejercicios se pueden realizar? No se trata de entrenamientos intensos, sino de movimientos simples que pueden hacerse en cualquier aula o espacio de trabajo:
- Estiramientos de cuello, brazos y espalda.
- Movilidad articular (hombros, muñecas, tobillos).
- Respiración profunda y pausada para reducir tensión.
- Caminar unos minutos dentro o fuera del salón.
- Sentadillas o levantarse y sentarse varias veces de la silla.
Además de estas actividades, una herramienta muy útil es la técnica Pomodoro. Un estudio publicado en el British Journal of Educational Psychology analizó esta estrategia de dividir el tiempo de estudio en intervalos de 25 minutos con pausas de 5 minutos, y concluyó que los descansos estructurados mejoran la concentración, el estado de ánimo y la motivación de los estudiantes frente a las pausas no planificadas.
De igual forma, las guías de la Organización Mundial de la Salud destacan la importancia de reducir el sedentarismo y recomienda reemplazarlo por actividad física ligera en el día a día. Esto no solo mejora la salud física, sino que también contribuye al bienestar mental y previene enfermedades relacionadas con la inactividad prolongada.
En síntesis, la evidencia científica respalda que las pausas activas constituyen una estrategia eficaz, accesible y sostenible para reducir los efectos negativos del sedentarismo en el contexto universitario. Su implementación regular se asocia con mejoras significativas en la concentración, el rendimiento académico y el bienestar psicológico, además de contribuir a la prevención de molestias musculoesqueléticas derivadas de las posturas prolongadas. A diferencia de otras intervenciones más complejas, las pausas activas no requieren equipamiento especial ni grandes modificaciones en la dinámica académica, lo que las convierte en una alternativa viable tanto para estudiantes como para docentes dentro de las aulas y espacios de estudio.

Desde una perspectiva de salud pública y educación superior, incorporar pausas activas en la rutina diaria representa una acción preventiva basada en la evidencia científica. Adoptar este hábito permite transformar breves intervalos de descanso en oportunidades para cuidar la salud física y mental, sin afectar el cumplimiento de las responsabilidades académicas.
En el entorno universitario, que puede estar marcado por el sedentarismo y la sobrecarga cognitiva, integrar el movimiento como parte del proceso de aprendizaje no solo optimiza el desempeño, sino que también promueve una cultura universitaria más consciente, activa y orientada al bienestar integral.
Referencias
Biwer, F., Wiradhany, W., Oude Egbrink, M. G. A., & de Bruin, A. B. H. (2023). Understanding effort regulation: Comparing “Pomodoro” breaks and self-regulated breaks. The British Journal of Educational Psychology, 93 Suppl 2, 353–367. https://doi.org/10.1111/bjep.12593
Hayes, S. M. (2024). Establishing the feasibility of exercise breaks during university lectures. Frontiers in Sports and Active Living, 6, 1358564. https://doi.org/10.3389/fspor.2024.1358564
Lynch, J., O’Donoghue, G., & Peiris, C. L. (2022). Classroom movement breaks and physically active learning are feasible, reduce sedentary behaviour and fatigue, and may increase focus in university students: A systematic review and meta-analysis. International Journal of Environmental Research and Public Health, 19(13), 7775. https://doi.org/10.3390/ijerph19137775
world health organization. (s/f). WHO GUIDELINES ON PHYSICAL ACTIVITY AND SEDENTARY BEHAVIOUR. https://iris.who.int/bitstream/handle/10665/337001/9789240014886-eng.pdf?utm_source
(S/f). Uma.es. Recuperado el 22 de septiembre de 2025, de https://www.uma.es/uma-salud/info/121727/pausas-activas/#:~:text=QU%C3%89%20SON%20LAS%20PAUSAS%20ACTIVAS&text=Realizar%20pausas%20activas%20no%20requiere,f%C3%ADsico%20su%20motivaci%C3%B3n%20y%20productividad.



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