La intención de la Inteligencia Artificial es construir un auxiliar pedagógico inteligente a través de un chatbot que contribuya a responder las inquietudes de los estudiantes. Para ello, los docentes deberán estructurar sus clases con la metodología de aula invertida para retroalimentar los contenidos visto en clase

Por Kevin Salazar Recinos

En la Universidad de Murcia, Lola, el chatbot inteligente que triunfa entre los estudiantes españoles, atendió a más de 4 mil 469 alumnos que, en su mayoría, se contactan con sus teléfonos móviles para acceder a este recurso producto de la Inteligencia Artificial. Lola ha llevado a cabo más de 13 mil 184 conversaciones y ha resuelto 38 mil 078 inquietudes. Además, sus creadores afirman que Lola atinó con el 91.7 por ciento a las respuestas correctas que requerían los universitarios.

Ante este proyecto disruptivo en los procesos de formación en Educación Superior, es válido comenzar afirmar que la obsesión de la humanidad por crear una máquina que emule el comportamiento humano se está haciendo realidad. Y es que la Inteligencia Artificial cambiará muchas cosas. Entre esos giros de vuelta de tuerca estará la forma de comunicarnos, informarnos y cómo accederemos a un producto o servicio. Debemos recordar que estos cambios no solo serán en la economía, también provocarán que Educación se sumerja en la transformación digital y la actual crisis sanitaria de la COVID-19 nos abre esa ventaja de oportunidades para reinventarnos y afrontar los desafíos del Siglo XXI.

Ahora, en el ámbito educativo, si estamos dispuestos ha formular un chatbot que atienda 24/7, debemos ser conscientes que el impacto no solo será académico, también será social. Y entonces, aquí inicia una nueva génesis tecnológica para la educación. Una metáfora de la creación, así como Dios hizo con Adán, a quien «lo crea a partir de un material moldeable, lo programa y le da las primeras instrucciones” (Sánchez-Martín et al 2007). Como también lo hemos leído y conocido en la mitología griega con relato de Ovidio sobre Pigmalión, que esculpe a una figura de una mujer hermosa a la cual se le concede la vida para que Pigmalión la amara; en la mitología hebrea el Gólem también fue creado y animado con barro para salvar a los habitantes de una ciudad judía; y la mitología nórdica con el gigante Mökkurkálfi o Mistcalf, también de barro creado para apoyar al troll Hrungnir en su lucha con Thor. Y así sucesivamente, cada época tiene su referencia sobre la aparición de la Inteligencia Artificial.

En el sentido más natural, la Inteligencia Artificial (IA) está referida al modo de simular las capacidades de la inteligencia del cerebro humano, por lo que pensar en IA es pensar en aquello que nos hace posible interactuar y aprender; por ello, sus aplicaciones pueden contribuir enormemente en la educación (Ocaña-Fernández, Valenzuela-Fernández y Garro-Aburto, 2019). Yo soy consciente y ya no me quiero hacer el ciego, ni el sordo ni el mudo sobre que la pandemia ha provocado cambios educativos sustanciales, entre ellos, la migración a ecosistemas virtuales de aprendizaje. Los docentes nos hemos enfrentado a la tarea de atender una gran variedad de necesidades para asegurar la continuidad educativa de los estudiantes.

En consecuencia, considero que la Inteligencia Artificial puede ser un auxiliar clave para el escenario complejo al que nos enfrentamos, gracias a la nueva normalidad. Esta puede agilizar la atención en nuestros estudiantes en todo momento y dándole una buena orientación, así los docentes tendríamos también un espacio para formarnos para profundizar en el diseño y en el desarrollo curricular e implementar actividades de investigación con herramientas que potencien la creatividad y la innovación, así como descubrir las nuevas secuencias didácticas apegadas a la realidad salvadoreña.

Hay otro caso análogo de chatbot en la Universidad Oriental de México, donde se utiliza la herramienta Dialogflow para procesos orientados al acompañamiento con la intención de de construir un auxiliar pedagógico que contribuya a resolver gran parte de las inquietudes de los estudiantes. La estructuración de las respuestas se basó específicamente con el enfoque de aprendizaje invertido, lo que contribuye a retroalimentar sobre inquietudes de la clase, pero dotándolos de una respuesta accesible y remitiendo a los alumnos a fuentes de consulta multimedia para extender y mejorar su experiencia.

Si queremos subirnos al tren de la innovación educativa, debemos comprender que nuestro proyecto universitario de Inteligencia Artificial tendría que contar con tres niveles de importancia para adoptar el Internet de las Cosas al uso cotidiano de nuestra actividad académica. Según el Observatorio de Innovación del Tecnológico de Monterrey, estos niveles son:

  • Nivel 1: Revolucionaria. Es aquella que nos muestran las grandes empresas tecnológicas como Google, Microsoft y Hanson Robotics que buscan mejorar las condiciones de vida tanto en lo cotidiano como en el hogar, autos, alimentación, salud. Ejemplo de ello es la supercomputadora de Google y Sophia, el robot humanoide.
  • Nivel 2: Ampliación. Es aquella que busca impulsar la producción a escala, la comunicación, el mercado cotidiano y el análisis de riesgos en la bolsa de valores. Ejemplo de ello son los sistemas de aprendizaje automático de Amazon.
  • Nivel 3: Comunicación. En este nivel aparecen procesos básicos de interacción con software libre que buscan responder sea por programación o emulando el aprendizaje de forma mecánica las respuestas probables que puedan brindar para satisfacer las necesidades de los usuarios. Ejemplo de ello son las plataformas de comprensión del lenguaje natural como Dialogflow, Botmake.io, Cliengo, Snatchbot.me y Manychat, por citar algunas.

Toca proponer, desde nuestras Unidades Académicas, las propuestas de intervención tecnológicas para innovar el acompañamiento estudiantil, es decir, incorporar la Inteligencia Artificial al servicio de la comunidad educativa, con nuevo enfoque pedagógico y con miras a liderar la disrupción en el país.