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Pequeños pasos hacia la inclusión

Por: Grisel Guadalupe Flores

El canal de comunicación por excelencia a nivel mundial es la comunicación verbal. Esta es escuchada y retroalimentada a través del habla, es decir, a través de la voz. Y así como existen distintos idiomas según las poblaciones de cada país y de cada región, lo mismo sucede con sus agrupaciones e incluso minorías culturales. La mayoría de estos idiomas y lenguas se transmiten a través de la voz y del desarrollo del sentido auditivo.

Pero existe una comunidad que forma una minoría lingüística. Esta comunidad tiene como canal de comunicación privilegiado la comunicación visual. Los miembros de esta comunidad escuchan con los ojos y hablan con las manos. Esta es la comunidad sorda, que cuenta con un lenguaje propio, normas y códigos lingüísticos, identidad, valores, normas de interacción social, tradiciones, literatura y arte, entre otros aspectos que conforman toda una cultura que muchas de las personas oyentes todavía desconocen.

La comunidad sorda es representada principalmente por todas aquellas personas con discapacidad auditiva a nivel mundial y todas aquellas personas (oyentes) que se identifiquen con la cultura y lenguas de la comunidad sorda.

Según la Federación Mundial de Sordos, existen aproximadamente setenta y dos millones de personas sordas en todo el mundo y como colectivo, utilizan más de trescientas diferentes lenguas de señas que varían según país y región.

En El Salvador, según un censo realizado por el Consejo Nacional de Atención Integral a la Persona con Discapacidad (CONAIP) en 2018 la población Sorda a nivel nacional era de aproximadamente 88,398 personas, cifra que, desde ese año, no se ha vuelto a actualizar.

En el país, la lengua oficial de las personas sordas es LESSA (Lengua de Señas Salvadoreñas), y fue aprobada por la Asamblea Legislativa en junio del 2014, en donde se incorporó a la Ley General de Educación y al artículo 44 de la Ley de Especial de Protección al Patrimonio Cultural de El Salvador, el cual establece que “Se reconoce a la lengua de señas salvadoreñas – LESSA, como la lengua natural y oficial utilizada por las personas sordas salvadoreñas. En consecuencia, es obligación del Estado velar por su enseñanza y conservación”.

En este sentido, la cultura sorda como tal, puede definirse como todos aquellos valores, principios, tradiciones, arte, costumbres, normas lingüísticas y de comunicación, comportamientos y experiencias en común con los que la minoría lingüística de la comunidad sorda se identifica. Son experiencias y conocimientos compartidos que se enseñan de generación en generación y que ayudan a consolidar a los individuos sordos para formar su identidad en ella.

A pesar de existir leyes que avalen a la lengua de señas salvadoreñas y contar con todos estos aspectos culturales que identifiquen a la comunidad sorda, hoy en día todavía existe mucha ignorancia, prejuicios, retos y puntos de vista que la desvalorizan y devalúan a la persona sorda como tal.

Parte de los retos que enfrenta esta comunidad es la falta de información que existe en la sociedad sobre esta cultura. Por ende, se vuelve necesario dar a conocer el tema y que instituciones gubernamentales y no gubernamentales brinden espacios para informar y culturizar a las personas oyentes pertenecientes a diferentes sectores como salud, educación, trabajo, etc. para lograr el sentido de la empatía hacia la comunidad sorda.

También es necesario que dichas instituciones cuenten por lo menos con un intérprete a la disposición de las personas sordas, para facilitar su atención, así como crear programas de capacitación en LESSA para sus colaboradores. Esto contribuye a hacer cumplir el derecho, tanto de comunicación como de atención, a las personas no oyentes.

En cuanto a los distintos puntos de vista relacionados con las personas sordas, uno de ellos es el punto de vista patológico o, en otras palabras, la opinión médica o clínica que se tiene acerca de la sordera. Esta perspectiva responde a un modelo médico rehabilitador cuyo objetivo principal “es rehabilitar o normalizar a las personas con discapacidad para que se logren asimilar a la mayoría” Pérez (2014).

Según Báez & Cabeza (2004), esta corriente denomina a las personas sordas “individuos lingüísticamente deficientes” y considera que su desenvolvimiento social es medible o clasificable según su capacidad de producción del lenguaje oral y la comprensión del mismo, es decir, el desarrollo auditivo. Por lo tanto, desvalorizan la riqueza cultural y lingüística en la que la comunidad sorda forja su identidad.

Esta actitud es contraria al punto de vista antropológico, que se enfoca en la importancia cultural, es decir, que reconoce el valor que la cultura posee por sí misma, respetando la lengua gestual (lengua de señas) y al sordo como una persona lingüísticamente competente.

Este punto de vista socio-cultural o antropológico es el que la comunidad sorda cree y busca dar a conocer a la comunidad oyente. Y es que las personas con discapacidad auditiva desean ser vistos como personas capaces, cuya sordera o falta de audición no es sinónimo de una enfermedad que deba ser curada, sino como una característica que los identifica con una lengua, con una comunidad y con una cultura propias.

Es por esto que los esfuerzos por dar a conocer a esta minoría ante la sociedad oyente y enfatizar su importancia se vuelve más que un “simple movimiento social”: es una necesidad, la cual, al ser difundida, nos estimula poco a poco a romper con la brecha comunicacional a la que las personas sordas se enfrentan día a día.

Así, al hablar de estos temas y compartir con respeto los principios de esta comunidad contribuimos a regar pequeñas semillas de conciencia en las personas a nuestro alrededor, lo cual permite comenzar esos pequeños pasos hacia la inclusión.


Links:

Báez, I., & Cabeza, C. (2004). Sordera, Lenguas de signos y patologías del lenguaje. CULTURA SORDA. Recuperado 22 de mayo de 2023, de https://cultura-sorda.org/sordera-lenguas-de-signos-y-patologias-del-lenguaje/

Pérez, O. (2014). Las personas sordas como minoría cultural y lingüística. Dilemata, 15, Recuperado el 27 de mayo de 2023, de https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/4834536.pdf

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